Otra emoción fundamental con valor adaptativo es el miedo. Esta emoción advierte a la persona de un posible peligro para que pueda enfrentarlo o huir como reacción.

También fisiológicamente, el cuerpo asume una posición más alerta y atenta gracias al aumento de la frecuencia cardíaca, la respiración, la liberación de adrenalina, oxitocina (amor y miedo) y cortisol (estrés).

Hoy el problema relacionado con las experiencias de miedo se refiere a cuando estos se manifiestan de forma aparentemente descontextualizada, exagerada o sin una razón lógica: por ejemplo lo que ocurre en las fobias.

Aquí, en estos casos, el miedo ya no es un recurso adaptativo amistoso, sino que se vuelve disfuncional. Un verdadero obstáculo para nuestras oportunidades de vida en el mundo al afectar todas las áreas de nuestra vida, desde las relaciones hasta el trabajo.

Además del escape / ataque, existen otras modalidades relacionadas con el miedo en la naturaleza:

  • congelación (inmovilidad física mientras piensa en una estrategia para salvarse del peligro)
  • fingir estar muerto.

En el mundo actual, los equivalentes de estas dos modalidades se pueden encontrar en las vivencias de eventos traumáticos (abuso, violencia, guerras).

El miedo suele estar relacionado con un peligro real y se diferencia de la ansiedad en que esta última está vinculada a pronósticos negativos sobre eventos importantes o experimentados como peligrosos (por ejemplo, realizar un examen en la Universidad).

Del miedo a la fobia

El miedo se convierte en fobia cuando existe un miedo exagerado a un evento que en realidad no representa un peligro real. Por ejemplo, la melisofobia o el miedo a las abejas no representa un peligro real si no eres alérgico y si hay una sola abeja, ¡pero ciertamente la situación cambia si eres alérgico y si terminas dentro de una colmena!

El factor discriminatorio entre miedo y fobia radica precisamente en esto: la evitación de lo que asusta hasta el punto de limitar la vida sin que exista un peligro real.

Hay muchas fobias y miedos desproporcionados y desmotivados y para superarlos es importante hablar de ellos con un psicólogo . Sobre todo porque, en algunos casos, esconden correlaciones con hechos traumáticos pasados ​​y en otras situaciones reemplazan otras ansiedades con raíces mucho más profundas.

Sin embargo, no olvidemos que una cierta cantidad de miedo en la vida cotidiana es saludable y podemos aceptarlo para convertirlo en un recurso amigable.

Si necesita ayuda, no dude en ponerse en contacto conmigo.

 

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