Motivación para el cambio: ¿por qué a veces es tan difícil?

 

La característica más importante de los seres humanos, la que nos distingue de todas las demás especies en la tierra, es la capacidad de lograr un cambio dentro de la propia vida a través de la motivación personal.

¿Por qué es tan difícil cambiar?

 

Los humanos no se guían únicamente por el instinto: el pensamiento, la mente, la conciencia, la capacidad de analizar la realidad y las emociones, son factores que nos permiten tener cierto grado de control sobre las situaciones y, sobre todo,hace que cada uno de nosotros/as sea único/a, especial, diferente de todos los demás.

 

La motivación para el cambio es lo que nos permite superar un período negro, salir de una situación de estancamiento o dejar atrás personas o eventos que nos han hecho infelices: cada uno de nosotros puede decidir cambiar y permitirnos sentirnos mejor.Sin embargo, distorsionar la vida de uno, o incluso cambiar un aspecto de ella, no siempre es tan fácil.

 

 La motivación para el cambio y el miedo a lo desconocido.

Cambiar es difícil por una simple razón: todos los seres humanos tienen un miedo natural a lo desconocido. Lo desconocido es aterrador, está lleno de dificultades desconocidas, quizás más grandes que las que ya experimentamos todos los días, está poblado por personas que podrían ser malas, oportunistas o, lo que es peor, es un lugar vacío, de soledad y arrepentimiento.

Si es cierto que estos pensamientos están influenciados por la naturaleza más o menos pesimista de los individuos, es igualmente cierto que lanzarse al vacío y abandonar una situación desagradable pero conocida es una fuente de ansiedad para todos.

Cambiar, de hecho, significa dejar su propia “zona de confort”, esa parte de nuestra vida compuesta de lugares, personas, situaciones, dinámicas sociales (pero también alimentos, idiomas, humor, programas de televisión, etc.) que conocemos.
Tal vez no nos emocione, pero el hecho de que sea conocido nos calma y nos convence de evitar cruzar las fronteras.Las barreras de la “zona de confort” son muy difíciles de romper: superarlas significa ir hacia un lugar desconocido donde no podemos saber cómo terminará. El sentimiento de incomodidad por lo desconocido es la verdadera razón por la cual la mayoría de las personas prefieren contentarse con quedarse donde están y posponer (o evitar por completo) el cambio necesario para convertirse en quienes desean convertirse.

Acepta los retos.

Las presuntas dificultades que nos esperan más allá de la “zona de confort” son los frutos de nuestros miedos, criaturas monstruosas que se agudizan, cuanto más la ansiedad de lo desconocido logra influir en el pensamiento.

¿Cuántas veces, después de un paso importante, nos hemos preocupado por los meses anteriores, riéndonos de las preocupaciones ridículas que nos acosaban? Ser consciente de este proceso es el primer paso para animarse a cambiar.

Motivación para el cambio

En segundo lugar, es útil aprender a ver las dificultades de una manera “positiva”, no como obstáculos infranqueables, sino como desafíos que enfrentar y superar.

De hecho, los desafíos son la única herramienta que tenemos para crecer: gracias a ellos nos fortalecemos, aprendemos a movernos mejor dentro del espacio y adquirimos una conciencia de nuestra calidad (y nuestros límites) siempre mayores.

Además, y es bueno recordarlo, al final de un desafío hay una recompensa que espera. Aquellos que logran superar sus miedos siempre son recompensados, incluso cuando la meta que deseaban alcanzar está muy lejos. Ya solo el hecho de haber enfrentado, luchado y ganado su propio miedo, es la mayor gratificación que se puede dar a sí mismos.

El cambio es complicado, por supuesto. Pero con la motivación correcta y una dosis de coraje para superar la “zona de confort”, no es imposible, si puede vislumbrar su felicidad, asomándose más allá de las barreras.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

650484484

 

Terapia Centrada en Soluciones.

 

Como psicólogo orientado al cambio, quiero centrar mi atención en los aspecto cambiantes y cambiables de la experiencia de mis clientes. Por tanto, no me fijo en los aspectos y características del cliente o de una situación que no es susceptible de cambio.

Unas de las modas actuales en terapia es el diagnóstico de trastorno de personalidad, bordeline. He estado sondeando numerosa bibliografía la respecto y aún no he encontrado ninguna persona que haya curado o cambiado una personalidad bordeline. lo mejor que se puede hacer con este diagnóstico, aparte de años de terapia extensa y posiblemente infructuosa , es sobrellevar el trastorno.

Y es en este punto donde existe un desacuerdo entre los psicólogos/as centrados en soluciones y los psicólogos/as de otras orientaciones que trabajan a largo plazo. Los psicólogos/as orientados en la solución nos gusta trabajar con objetivos bien definidos, que sean alcanzables en un periodo de tiempo razonable. Los terapeutas que trabajan a largo plazo se comprometen a menudo a intentar características relativamente fija de la persona, como su personalidad  o sus complejos. Para mi curar una personalidad bordeline está más allá de mis conocimientos, pero ayudar a esta persona a conseguir un trabajo o hacer amigos o tener una relación sexual satisfactoria, o dejar de autolesionarse, si está dentro de mis posibilidades.

Por tanto, me centro en los aspectos de la situación de la persona que parece más susceptible de cambio, sabiendo que iniciar cambios positivos y ayudar a la persona a conseguir pequeños objetivos puede tener efectos inesperados y más amplios en otras áreas( quizás en su personalidad). Evitando así los constructos psicológicos que no son útiles para el cambio.

 

Jay Haley (1976) ha expresado bien esta idea:

Catalogar a un niño como “delincuente o decir que sufre una disfunción cerebral mínima” o catalogar a un adulto como “alcohólico o esquizofrénico” es participar en la creación de un problema de tal forma que el cambio se hace más difícil. Un terapeuta que describa la situación familiar en términos de” una madre dominante y padre pasivo” ha creado problemas con ello, aunque pueda pensar que solamente está identificando los problemas que se le presenta. la manera en que se etiqueta un dilema humano puede cristalizar un problema y hacerlo crónico.

Este autor nos ha dado la idea que es mejor tratar a la gente como si fuera normal, porque cuando las personas son tratadas de forma normal, tienden a actuar de modo más normal.

Casaleiz Psicólogo Málaga

Bibliografía: (O’Hanlon and Weiner Davis, 2010)

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