RESILIENCIA O EL ARTE DE LEVANTARSE

Soy corredor y a menudo me encuentro hablando con personas como yo que comparten esta pasión y discutiendo la dureza de ciertos entrenamientos, la dificultad de mantener la coherencia en ellos, encajarlos entre los miles de compromisos diarios (trabajo, familia). Sin nombrarlo, cuando hablamos de todo esto, nos referimos a una capacidad del ser humano: la resiliencia psicológica.

Un maratón, además de ser una prueba atlética, implica la capacidad de aguantar, de afrontar las dificultades, de no dejarse abrumar por los problemas. Así, la propia forma en que todos reaccionan ante las complicaciones se convierte en uno de los factores clave para el éxito de las mismas o no.

Lo mismo sucede en situaciones de la vida cotidiana.

Cada uno puede medirse con respecto a su propia manera de responder a las dificultades:
¿abstenerse?
¿Invoca mala suerte?
¿Estás buscando coartadas?
¿Te sientes inadecuado?
¿Trabajas aún más duro?

Que quede claro que, para aquellos que no están entrenados mentalmente, las dificultades tienden a desmotivar: quieren darse por vencidos y rendirse.
Esto se aplica a todos.

Y es en este punto que entra en juego la resiliencia que, como escribí, concierne al aspecto motivacional de los individuos.

La resiliencia es la capacidad de mantener alta la motivación hacia un objetivo a pesar de los obstáculos y la adversidad.

Podemos describir la resiliencia como una capacidad del ser humano, que nos pertenece como especie y nos ha permitido evolucionar y para adaptarse a las más variadas condiciones climáticas, ambientales y sociales.

Sin embargo, a nivel individual, no es obvio estar en posesión de ella.

¿Qué significa eso? Significa que, aunque potencialmente todos estamos dotados de ella, no necesariamente se materializa si no se entrena y se estimula la resiliencia. En la carrera, como en cualquier otro deporte, a través de la práctica y el entrenamiento, aumenta la resiliencia.

La resiliencia no es solo una habilidad de los deportistas: es una habilidad útil para todos y sirve para afrontar las dificultades de la vida, los fracasos, las crisis que surgen inesperadamente, las dificultades, las caídas.

¿Cómo podemos entrenarlo? Bueno, el deporte es una metáfora muy útil para explicar lo que le pasa al hombre común sin que él se dé cuenta. ¿Cuántas veces te caíste y te levantaste? Cuantos fracasos? ¿Cuántas veces has tenido que hacerlo todo de nuevo?

La resiliencia (del latín resilere, rebotar) es la característica de las personas que, a pesar de estar heridas, no se consideran víctimas sino que afrontan el futuro con nuevo vigor planificador. En física indica las características de los materiales para recuperar su forma original después de sufrir una deformación. En psicología, de manera similar, indica la capacidad de las personas para superar las dificultades con vitalidad, elasticidad y energía.

Es por tanto esa capacidad de superar la adversidad, de afrontar factores de riesgo, de levantarse, tras una crisis, más fuerte que antes.

Y eso es lo que les pasa a todos, ¿no?
Quiero decir: caer, enfrentar una crisis, chocar con las adversidades de la vida.

¿Qué haces en estas situaciones?
¿Desiste? ¿Culpas al destino o la desgracia?
¿Está buscando coartadas y justificaciones?
¿O te sientes inadecuado y te culpas por no ser lo suficientemente bueno y capaz?
¿Cuál es tu locus de control?

Dirás: sí, pero ¿cuál es la alternativa?
¿Quieres aprender resiliencia?

Así que comencemos a describir cómo es un resiliente.

  • La persona resistente hace del optimismo su mejor característica;
  • es capaz de abordar los eventos negativos al experimentarlos como temporales y / o limitados a situaciones específicas;
  • es consciente de que tiene un buen control sobre su vida y el entorno que lo rodea;
  • es capaz de mantener una motivación constante hacia los objetivos marcados;
  • no le teme al cambio pero lo considera un desafío y una oportunidad de crecimiento, maduración y autodesarrollo;
  • frente a las derrotas, mantiene un alto nivel de confianza y esperanza.

Un buen psicólogo y un buen psicoterapeuta pueden ayudarte, a través del asesoramiento, a descubrir tu resiliencia y entrenarla.

Nosotros te ayudamos, llámanos 644 299 079

 

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¿Qué es el silencio sexual?

¿Has oído hablar del silencio sexual? Suele ocurrir que algunas mujeres o algunos hombres no sienten el deseo de hacer el amor con su pareja o, en general, que no tienen ganas de acostarse con alguien, aunque sean solteros.

Esto es exactamente lo que queremos decir cuando hablamos de silencios sexuales. Pero, qué puede llevarnos a manifestar esta carencia?

¿Qué se entiende por silencio sexual?

Como dijimos anteriormente, puede suceder que algunas personas no tengan el deseo de mantener relaciones entre sí y, por lo tanto, de experimentar el silencio sexual.

Es posible que la mayoría de nosotros no sepa esto, pero el deseo sexual no es algo que se presente de la misma manera en todas las personas, ya que se ve afectado por varios factores y lo veremos en breve.

Seguramente en la vida le puede pasar a cualquiera que no quiera hacer el amor con su pareja, pero la pregunta cambia cuando ese desinterés perdura en el tiempo y lleva al malestar. Esta falta de deseo puede estar asociada a un trastorno real si durante seis meses el sujeto en cuestión no tiene un interés erótico y muestra una falta total de pensamientos eróticos.

Pero, cuál es la base de todo esto?

Causas de la disminución del deseo sexual

Entre las causas ciertamente podemos incluir el estrés, pero no solo eso: puede suceder que un tema llegue a eclipsar el sexo, que necesita tiempo y mucha calma, debido a un período bastante estresante.

En la base también puede haber problemas relacionales, variaciones hormonales o una educación muy rígida sobre la sexualidad. En cuanto a las variaciones hormonales, cabe destacar que las hormonas son fundamentales si hablamos de deseo sexual, ya que son precisamente las variaciones hormonales las que alteran la libido.

Piense en una mujer que se acerca al período de la menopausia: al producir menos testosterona, solo puede tener un menor deseo de hacer el amor. Varias enfermedades físicas también pueden conducir a este silencio sexual.

En algunos casos, sin embargo, puede derivar de la falta de atracción física hacia la pareja o del hecho de que el amor ha terminado o, de nuevo, también puede depender del hecho de que uno no se sienta bien con su cuerpo o de haber experimentado trauma en el pasado, malas experiencias que pueden generar una relación postraumática con el sexo en los afectados.

Como hemos dicho, el silencio sexual también puede afectar a los solteros.

En este caso, la falta de ganas de mantener relaciones sexuales puede estar asociada al miedo a volver a meterse en el juego y, por tanto, a la actitud de querer encerrarse en el propio mundo, quizás a raíz de una decepción sentimental que se ha sufrido.

¿Cómo superar el silencio sexual?

Como hemos visto, las causas pueden ser diferentes: por eso decíamos que el deseo sexual está condicionado por varios factores y dinámicas.

Llegados a este punto quizás te estés preguntando qué hay que hacer para desbloquear la situación: sin duda es importante comprender las causas que, como hemos visto, pueden ser de diferente naturaleza, física o psicológica.

Para poder vivir y afrontar este problema, también se pueden seguir valiosos consejos, veámoslos a continuación.

  • Acepta el problema y date cuenta de que nuestro cuerpo también puede llegar a vivir estos momentos de silencio sexual. Ciertamente no es algo que no pueda o no deba suceder, por lo que es fundamental aceptar lo que sientes o más bien lo que no sientes. Ignorarlo ciertamente no te ayudará a resolver tu problema, todo lo contrario.
  • Habla con tu pareja al respecto. Si estás en pareja, debes involucrar a tu pareja para que comprenda lo que estás sintiendo. El riesgo, de hecho, es que podría insistir e intentar acercarse a ti, provocando cualquier cosa menos el deseo sexual.
  • Restaura la intimidad de antaño. Además, si sois pareja, puede resultar útil intentar restablecer la complicidad del pasado. Intenta crear momentos románticos y desenfadados para las parejas, con el fin de reavivar el deseo y la confianza en el otro.
  • Confía en los demás. Si eres soltero, intenta salir de tu zona de confort y ábrete al mundo tratando de pasar el rato con gente interesante. Solo así podrás intentar recuperar la confianza en los demás.
  • Pide ayuda: Si te das cuenta de que la falta de deseo sexual sigue persistiendo, pide ayuda a un psicólogo profesional para intentar entender no solo si el problema tiene raíces en la pareja o no, sino también qué puedes hacer para solucionarlo. .

 

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Viaje a la emoción del miedo. Casaleiz Psicólogo Málaga

Otra emoción fundamental con valor adaptativo es el miedo. Esta emoción advierte a la persona de un posible peligro para que pueda enfrentarlo o huir como reacción.

También fisiológicamente, el cuerpo asume una posición más alerta y atenta gracias al aumento de la frecuencia cardíaca, la respiración, la liberación de adrenalina, oxitocina (amor y miedo) y cortisol (estrés).

Hoy el problema relacionado con las experiencias de miedo se refiere a cuando estos se manifiestan de forma aparentemente descontextualizada, exagerada o sin una razón lógica: por ejemplo lo que ocurre en las fobias.

Aquí, en estos casos, el miedo ya no es un recurso adaptativo amistoso, sino que se vuelve disfuncional. Un verdadero obstáculo para nuestras oportunidades de vida en el mundo al afectar todas las áreas de nuestra vida, desde las relaciones hasta el trabajo.

Además del escape / ataque, existen otras modalidades relacionadas con el miedo en la naturaleza:

  • congelación (inmovilidad física mientras piensa en una estrategia para salvarse del peligro)
  • fingir estar muerto.

En el mundo actual, los equivalentes de estas dos modalidades se pueden encontrar en las vivencias de eventos traumáticos (abuso, violencia, guerras).

El miedo suele estar relacionado con un peligro real y se diferencia de la ansiedad en que esta última está vinculada a pronósticos negativos sobre eventos importantes o experimentados como peligrosos (por ejemplo, realizar un examen en la Universidad).

Del miedo a la fobia

El miedo se convierte en fobia cuando existe un miedo exagerado a un evento que en realidad no representa un peligro real. Por ejemplo, la melisofobia o el miedo a las abejas no representa un peligro real si no eres alérgico y si hay una sola abeja, ¡pero ciertamente la situación cambia si eres alérgico y si terminas dentro de una colmena!

El factor discriminatorio entre miedo y fobia radica precisamente en esto: la evitación de lo que asusta hasta el punto de limitar la vida sin que exista un peligro real.

Hay muchas fobias y miedos desproporcionados y desmotivados y para superarlos es importante hablar de ellos con un psicólogo . Sobre todo porque, en algunos casos, esconden correlaciones con hechos traumáticos pasados ​​y en otras situaciones reemplazan otras ansiedades con raíces mucho más profundas.

Sin embargo, no olvidemos que una cierta cantidad de miedo en la vida cotidiana es saludable y podemos aceptarlo para convertirlo en un recurso amigable.

Si necesita ayuda, no dude en ponerse en contacto conmigo.

 

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Las uvas estaban agrias. Disonancia Cognitiva.

Todos conocemos el conocido cuento de Fedro, La zorra y las uvas. La zorra, habiendo intentado en vano llegar a la uva, demasiado alta para ella, se fue exclamando «bueno, los racimos aún no están maduros, no quiero cogerlos verdes».

Hace dos mil años, Fedro con su fábula había pintado un proceso psicológico muy común, estudiado científicamente en 1957 por el psicólogo social Leon Festinger. Este proceso, llamado disonancia cognitiva, se refiere a la situación incómoda que sentimos cuando nuestras creencias u opiniones están en conflicto entre sí. Festinger propuso una teoría según la cual intentamos constantemente lograr nuestra propia consistencia interna. En otras palabras, necesitamos que nuestros pensamientos y comportamientos estén en armonía unos con otros.

La falta de armonía que generan las creencias en conflicto nos provoca, de hecho, un malestar que de alguna manera debe resolverse. Pongamos un ejemplo. Una persona cree firmemente en el hecho de que hay que ser responsable con el medio ambiente. Compra un automóvil, pero solo más tarde se da cuenta de que no respeta plenamente los cánones de la eco-sostenibilidad. Este estado de cosas le creará un conflicto, ya que por un lado siempre ha creído en los valores del ecologismo, por otro, conduce un coche no ecológico.

Esta disonancia cognitiva se puede resolver de varias formas, por ejemplo:

  • vendiendo el coche y luego comprando otro más ecológico;
  • reducir el énfasis de sus puntos de vista sobre la responsabilidad ambiental;
  • Intente cambiar los hábitos, por ejemplo, utilizando más la bicicleta o el transporte público, reduciendo así el impacto medioambiental derivado de conducir su coche no ecológico.

En el primer caso, la disonancia cognitiva se resolverá actuando sobre el entorno, en el segundo actuando sobre las propias creencias, en el tercero actuando sobre la propia conducta. Otro ejemplo de disonancia cognitiva se refiere a los fumadores. Quienes fuman al mismo tiempo saben que es una actividad nociva para la salud. Siempre que compran su paquete de cigarrillos, el fumador no puede evitar leer «fumar mata». Sin embargo, esta información no impresiona fácilmente al fumador. La razón es que resuelve la disonancia adquiriendo nueva información en su sistema de creencias que le ayudará a calmar el malestar, restaurando un sentido de relativa armonía dentro de sí mismo.

Por ejemplo, el fumador puede creer que:

  • el daño de fumar aún no se ha probado realmente;
  • fumar no hace más daño que otros factores, como la contaminación;
  • al dejar de fumar, aumenta de peso, que es igualmente perjudicial para su salud; …

…y así. En todos estos casos, se centrará en otras creencias que contrarrestarán el hecho de que fumar es malo para usted, reduciendo la incomodidad y la disonancia. El conocimiento de este proceso es muy importante y explica, por ejemplo, por qué no tiene ningún efecto intentar convencer a una niña anoréxica de que su dieta está arruinando su salud. Encontrarás miles de explicaciones para creer que estás haciendo lo correcto. Para fomentar el cambio, no basta con proporcionar nueva información. Necesitamos impulsar un cambio emocional, más global y profundo.

 

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Perdón y Reconciliación.

Perdón y Reconciliación.

¿Qué no es perdón?

– Perdonar no significa olvidar, porque si olvidamos el error inmediatamente no habría necesidad de perdonar.

– Perdonar no es justificar porque esto implicaría decir que la acción que hemos sufrido es un acto legal por parte de quienes lo llevaron a cabo e incluso en este caso no habría necesidad de perdonar.

– Perdonar no significa cancelar el error inmediatamente y volver a la situación anterior, esto significaría cancelar por completo la acción de aquellos que nos causaron dolor y esto significaría decir que el perdón está dotado de una especie de poder mágico, pero no es así, con El perdón borra las consecuencias que conlleva el mal sufrido, como el resentimiento, el deseo de venganza, pero el dolor que se siente no puede ser cancelado.

¿Qué es el perdón?

Para perdonar, primero es necesario reconocer que usted ha sufrido una acción injusta o inmoral y está sujeto al libre albedrío de la persona que lo cometió.

El perdón es un acto unilateral que la víctima hace porque quiere liberarse de una relación con el culpable dominado por emociones negativas como el resentimiento y el odio, dándose la esperanza de poder curar las heridas infligidas injustamente por el culpable. Además, la persona ofendida al hacerlo también le da a quienes le causaron sufrimiento la oportunidad de liberarse de una imagen de sí mismo como una persona culpable, portador de una deuda con la víctima. Esto libera a ambas personas y es dentro de esta área de libertad que se puede abrir el camino hacia la «reconciliación».

Reconciliacion

Es importante tener en cuenta que puede haber perdón sin reconciliación y que este último es un proceso diádico que involucra tanto a la víctima como al culpable de primera mano.

De hecho, para que tenga lugar la reconciliación, es necesario que la víctima y el culpable estén motivados para reparar su relación mutua y que traduzcan sus intenciones en actos concretos, en comportamientos e intercambios, como para sanar la relación. La reconciliación establece el resultado de una serie de intercambios interactivos entre el individuo ofendido y la persona responsable del acto, a través del cual los dos llegan a recomponer, gracias a un esfuerzo conjunto, su relación mutua.

 

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