Relaciones 2.0: entre la búsqueda y el escape de los lazos emocionales

«… Afirman que su deseo, propósito, sueño o pasión es» establecer relaciones «pero, de hecho, tal vez no les interese principalmente cómo evitar que sus relaciones se condensen y coagulen». Esta cita de «Liquid Love» de Bauman introduce una serie de reflexiones que serán el tema de esta contribución.
Un fenómeno psicológico y social, muy evidente hoy en día, que podría identificarse en la búsqueda espasmódica de una relación. Esta relación se fantasea como la «solución» que puede satisfacer los diferentes deseos de la persona y que de alguna manera completa el cuadro de vida, conformado por objetivos y tareas sociales a los que todos deben responder diariamente. Las relaciones, sin embargo, se encuentran en un nuevo contexto de transformación, en el que entran en juego cada vez más los métodos virtuales de comunicación y encuentro entre sí.

¿Cómo han cambiado los lazos con el tiempo?

El uso de las redes sociales permite a las personas conectarse entre sí sin crear vínculos duraderos, ya que todos parecen caracterizarse por una cierta inestabilidad. Esto último refleja la inestabilidad emocional y psicológica de las personas, que por un lado buscan la cercanía y el contacto «real» con el otro, por otro lado, se asustan por el compromiso y la necesidad de elegir entre las diferentes alternativas. Una vez que se toma una decisión para establecer un vínculo de amor, la posibilidad de vivir otras relaciones se excluye automáticamente.
Erich Fromm, en su obra «El arte de amar», explica que «la satisfacción en el amor individual no se puede lograr sin la capacidad de amar al prójimo con humildad, fe y coraje», pero esto es bastante difícil. en «una cultura en la que estas cualidades son raras, la adquisición de la capacidad de amar está condenada a seguir siendo un éxito excepcional». El amor, por tanto, según esta lectura, expondría al riesgo, a la fragilidad ya la necesidad de valentía, ya que elegir amar significaría en cierto sentido «dar un salto en la oscuridad».

Parecería que en la sociedad actual la lógica del consumismo, del deseo ilimitado de poseer, son aspectos que caracterizan no solo la realidad material sino, en ocasiones, también la afectiva.

En realidad, el deseo requiere tratamientos prolongados, la posibilidad de comprometer, a veces incluso de una forma dolorosa, requiere, además, posponer su satisfacción. Esta característica choca con una realidad a menudo caracterizada por la velocidad y la aceleración, en la que se prefiere la gratificación inmediata y el escape de las emociones negativas, visto como una carga para ser liberado rápidamente.
Las redes sociales, así como las formas de comunicación presentes en la actualidad, permiten precisamente esta rapidez en las relaciones humanas y la presencia constante del otro, con quien se puede «contactar» en cualquier momento a voluntad y para satisfacer sus necesidades. Esta «proximidad virtual» ha ido sustituyendo paulatinamente al compromiso real en la relación, lo que produce una mayor presión y constancia en el enfrentamiento cara a cara.
Suele suceder que para terminar una conversación o incluso un vínculo emocional, basta con pulsar un botón, cancelar y cerrar los contactos sin ninguna implicación, casi asépticamente.
Esta posibilidad permite a las personas autoexcluirse y protegerse del impacto negativo de sus elecciones y sus consecuencias, separándose emocionalmente y reingresando a la velocidad del rayo en otra «charla», en otra dimensión interpersonal que prefigura un mecanismo bulímico, en que, sin embargo, termina teniendo el mismo «sabor».

¿Cuáles son las repercusiones de estas experiencias interpersonales en la psique de la persona?

En la nueva sociedad contemporánea surge la necesidad de una escucha profunda y competente, de personas capaces de reconocer las potencialidades internas de cada uno.
Las relaciones sociales tienen un profundo significado psicológico personal: así como el individuo influye en el mundo externo en el que vive, el entorno influye en nuestro mundo interno a través de un intercambio profundo, donde la relación adquiere un valor inestimable. La capacidad de entablar una relación con el otro se puede definir como una habilidad indispensable para enfrentar nuevos contextos caracterizados por desafíos e inseguridades sociales cada vez mayores.

Los aspectos relacionales están estrictamente interconectados con el bienestar psicológico según lo declarado por varios estudios en los últimos años. De hecho, es más probable que las personas se sientan positivas cuando están en compañía (Berscheid & Reis, 1998) y la sensación de bienestar aumenta cuando se experimenta cierto grado de cercanía e intimidad con las personas (Diener, 1984). Además, la percepción de poder recibir apoyo social de la red que rodea a cada uno está vinculada a una mayor posibilidad de experimentar emociones positivas (Kawachi y Berkman, 2001).

Por el contrario, las personas tienden a experimentar emociones negativas cuando están solas (Diener, 1984) y los estudios han demostrado que la ausencia de contactos significativos podría inducir sentimientos de soledad, conduciendo a la depresión en los casos más graves . Finalmente, los lazos emocionales también contribuirían al bienestar de las personas, en la comparación entre personas solteras y personas que viven en una relación satisfactoria (Easterline, 2003),
Más allá de estos datos, siempre es necesario enfatizar las vivencias subjetivas de la persona y la posibilidad de crear el propio equilibrio. De hecho, muchos factores convergen en la creación de bienestar psicológico, entre ellos el cuidado de los aspectos relacionales que difieren en el sentimiento de cada persona en función de las vivencias personales y sus características.
En este sentido, la escucha y la empatía pueden ser dos habilidades de gran utilidad que se deben «entrenar» constantemente en todos los contextos, para hacerlas cada vez más efectivas y enriquecidas de significado.

 

Carlos Casaleiz

Psicólogo

La dependencia emocional. El lado oscuro del amor.

¿Quién nunca ha sentido amor, ese sentimiento tan abrumador como para hacer latir el corazón loco y querer pasar las 24 horas del día con la pareja? Enamorarse tiene estas características: sobre todo al comienzo de una relación, la implicación emocional con el otro es muy fuerte. Además de lo físico, de la atracción sexual y la cercanía. Una experiencia global que, sin embargo, puede volverse disfuncional y provocar dependencia emocional.

Cuando el compañero se convierte en una necesidad absoluta

 

La dependencia afectiva se cuenta entre las «nuevas adicciones», al igual que la adicción a Internet, la adicción al sexo, el juego y las compras compulsivas. Tu ser querido se convierte en una verdadera necesidad. El amor romántico ya no se ve como un vínculo entre dos individuos separados, sino que se convierte en una cadena que se une y sofoca.

Un estudio realizado en 2010 por el equipo del psiquiatra Michel Reynaud, publicado en The American Journal of Drug and Alcohol Abuse, mostró que este problema tiene características muy similares a las de una adicción a sustancias. La adicción al amor pasa por las mismas fases: euforia en presencia de la pareja; el deseo incontrolable y la búsqueda constante de su cercanía; síntomas de abstinencia como insomnio, pérdida de apetito o irritabilidad cuando no está presente.

Aficiones abandonadas, vida social inexistente, desempeño laboral cada vez más pobre: ​​el socio se convierte en el centro de la vida cotidiana. Todo lo demás es insignificante y sin importancia. Un comportamiento que ocurre incluso si la relación tiene varios problemas, o si presenta dinámicas violentas.

Caer en dependencia emocional también significa, desafortunadamente, tender a justificar comportamientos peligrosos, perdonar las lesiones sufridas y buscar la relación a pesar de su evidente toxicidad.

 

Las causas de la dependencia emocional.

 

El amor es un sentimiento intenso al que todos aspiramos en su esencia más profunda. Pero la dependencia emocional se las arregla para arrastrarse entre los miedos y la baja autoestima.

El miedo a perder a la pareja y el miedo a ser abandonado conduce a un control y una dedicación totales, a menudo dejando espacio para actitudes egoístas y eficaces por parte de aquellos que se encuentran en el centro del mundo. Esto desencadena un círculo vicioso, en el que las deficiencias del otro no se ven como tales, sino como la confirmación de no merecer ese codiciado amor. La culpa continua y una creencia que a menudo tiene sus raíces en el abuso emocional abordado anteriormente, o en una dificultad particular para regular las emociones.

Al contrario de lo que uno podría pensar, la dependencia emocional no es una condición que se soporta inconscientemente, sino que participa activamente en la primera persona. Es precisamente a través de las acciones, las legitimaciones y las actitudes puestas en acción que uno contribuye, día tras día, a construir y mantener la «trampa emocional» de la cual una se siente víctima.

La buena noticia es que, al ser un mecanismo en el que la autodeterminación desempeña un papel fundamental, cada persona ya tiene dentro de sí todo lo que se necesita para desactivar la trampa, a veces solo se necesita un poco de ayuda externa para encontrar la dirección correcta.

Desde la dependencia emocional se puede salir con un camino de psicoterapia, dirigido a curar el sufrimiento, pero también a redescubrir el propio valor y aprender a enfrentar las experiencias que han contribuido a desencadenar el trastorno. En mi consulta de psicología en Málaga ayudo a las personas a superar este problema.

Te amo porque quiero amarte, porque te he elegido y me gusta estar a tu lado; no porque seas indispensable para mi felicidad. 

W.Riso

Carlos Casaleiz

Psicólogo Málaga

Alameda Principal 45

Abrir chat
¿Necesitas ayuda?
Escríbeme ahora. Te contestaré lo antes posible