El peligro de la Codependencia

El concepto de codependencia se comenzó a utilizar en los años setenta para describir a la persona, sea ésta familiar o amigo, que tiene una relación directa e íntima con un alcohólico y que le facilita continuar con la adicción. Más tarde se ha hecho referencia al codependiente como aquella persona que se dedica a cuidar, corregir y salvar a un drogodependiente, involucrándose en sus situaciones de vida conflictivas, sufriendo y frustrándose ante sus repetidas recaídas, llegando a adquirir características y conductas tan erróneas como las del propio adicto. Posteriormente se ha ido generalizando a familiares de personas con otras dependencias, con enfermedad crónica (esclerosis múltiple, insuficiencia renal, trastornos alimentarios, cáncer, esquizofrenia, enfermedad de Alzheimer) e incluso a ciertos profesionales de la salud.

También se ha señalado a la codependencia como una patología del vínculo que se manifiesta por la excesiva tendencia a encargarse o a asumir las responsabilidades de otros, o como un defecto en la realización de dos de los cometidos más importantes de la niñez: la autonomía y la identidad. Incluso el concepto de codependencia se ha utilizado para describir un patrón exagerado de dependencia que hace llegar al individuo hasta la negligencia de sí mismo y debilita su propia identidad y también se ha indicado con este término a algún familiar que se involucra de forma obsesiva en los problemas de un “dependiente” hasta el punto de vivir por y para él y desequilibrando su propia vida en las áreas personal, familiar, laboral y social. De modo que el codependiente pierde el control de su propia vida y de sus límites, invirtiendo toda su energía en el dependiente con necesidad de pertenecer y ser útil.

Aunque en principio la codependencia no es un fenómeno específico atribuible a las mujeres, puede que los condicionamientos sociales y culturales hayan determinado una alta prevalencia de este problema en ellas.

También se ha señalado que los codependientes tienen los mismos rasgos que los hijos adultos de alcohólicos: exigencia de controlar a los otros y su ambiente, y un temor a la asertividad junto a una demanda extrema de amor y aprobación.

Se ha llegado a ver a la codependencia como la otra cara de la adicción, o como una adicción de orden afectivo, o como una relación adictiva a una persona y sus problemas, porque esta relación puede ser tan compulsiva e impulsiva como una adicción.

Por tanto, la codependencia ha sido explicada desde tres puntos de vista:

1. Como una enfermedad primaria de un sistema familiar disfuncional y que una vez desencadenada seguirá su curso y afectará a uno o más miembros de la familia.
2. Como un trastorno de personalidad previo de uno o más miembros de la familia en interacción con la conducta del adicto que facilitan la adicción, la encubren y la mantienen.
3. Como la conducta de una persona esencialmente normal que realiza un esfuerzo para ajustarse a un cónyuge y a un acontecimiento vital estresante.

Se ha señalado que hay dependencias relacionales con entidad propia, como las denominadas dependencias emocionales (la adicción al amor, interdependencia, dependencia afectiva) y otras secundarias a trastornos adictivos (sobre todo a drogas y alcohol) como la codependencia y la bidependencia (doble dependencia a sustancias y afectiva).
Parecería, más bien, que la codependencia pudiera ser una entidad nosológica que hace referencia a un tipo de dependencia emocional y con un vínculo patológico similar al que caracteriza a aquellos sujetos que mantienen otro tipo de adicción. La diferencia entre el adicto y el codependiente no se debe a la dinámica subyacente a la adicción sino al objeto de consumo.
En todo caso, la codependencia es una adicción a una persona y a sus problemas, y se ha llegado a afirmar que la adicción y la codependencia son la misma enfermedad porque comparten las mismas características: negación, obsesión, compulsión y pérdida de control.
La codependencia sería, pues, una forma de adicción como la drogodependencia, la ludopatía u otras adicciones.

El término hoy día hace referencia a la actitud obsesiva y compulsiva hacia el control de otras personas y las relaciones, fruto de la propia inseguridad y es condición necesaria que el trastorno o la enfermedad de la otra persona sea crónica, pero llevando asociada la esperanza de que puede ser curada.

La expresión sintomática del codependiente se caracteriza por la necesidad de tener el control sobre el otro, por una baja autoestima, por un autoconcepto negativo, por la dificultad para poner límites, por la represión de sus emociones, por hacer propios los problemas del otro, por la negación del problema, por ideas obsesivas y conductas compulsivas, por el miedo a ser abandonado, a la soledad o al rechazo, por su extremismo (o son hiperresponsables o demasiado irresponsables). Además, se siente víctima porque sacrifica su propia felicidad, tiene dificultad para la diversión y se juzga sin misericordia.

2. TIPOS DE CODEPENDIENTES.

Se han identificado cuatro tipos de codependientes:

1. El codependiente directo, uno de los comportamientos que genera más dificultades en el proceso terapéutico porque su conducta va desde proporcionarle la droga hasta dinero o el lugar donde pueda consumir la droga.
2. El codependiente indirecto mantiene una conducta de oposición declarada y objetiva a la adicción del familiar, pero, a la vez, protege al adicto y evita que se responsabilice de sus acciones.
3. El codependiente tolerante desempeña el rol de sufridor. Su rol no es modificar el comportamiento del adicto sino contemplar cómo se autodestruye, pero queriendo sacar lo que queda de bueno y noble en él.
4. El codependiente perseguidor es el familiar más comprometido en controlar la conducta autodestructiva del adicto. Despliega un sistema de conducta para descubrirlo. Es el que opera con un control externo.

3. ABORDAJE

Aunque la codependencia ha sido abordada con intervenciones breves de asesoramiento, con terapia familiar pasando por la terapia cognitiva, pocos programas de tratamiento en Europa hacen referencia a dicho concepto.
Aquí se propone la Psicoterapia Breve que trataría de reconstruir la identidad dañada del codependiente a través del fomento de la autoestima, del reconocimiento de sus sentimientos, de potenciar sus
habilidades relacionales, de favorecer su auto concepto positivo y de su asertividad. De manera que el objetivo sería ir convirtiéndose en uno mismo, con actitudes, opciones y comportamientos libres.
Se ha señalado que la codependencia es una entidad diagnóstica curable. Pero sin un tratamiento adecuado puede convertirse en una adicción a sustancias químicas, por lo que se incide en la necesidad ineludible de trabajar la independencia (o, mejor, la autonomía).
Este abordaje es una adaptación de la Psicoterapia Interpersonal que comenzó siendo utilizada en la depresión y más tarde en la distimia, en trastornos alimentarios, en el trastorno bipolar, en el trastorno bordelinde de la personalidad y en drogodependencias.
Tiene un enfoque pluralista, no doctrinario y empírico, y suele estar diseñada en un formato breve de unas 20 sesiones de periodicidad semanal de una hora de duración.
El rol del terapeuta es activo, de apoyo y poniéndose al lado del paciente y la relación terapéutica no es obligatoriamente analizada como una manifestación de la transferencia.
La especifidad de la Psicoterapia Breve son sus estrategias, no sus técnicas. Por lo que cabe la posibilidad de utilizar todas las técnicas que sirvan para reconstruir el propio pasado, y abrir alternativas futuras y esperanzadoras suele ser efectivo. De ahí su eclecticismo técnico.

CARLOS CASALEIZ PSICÓLOGO

Bibliografía: Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia

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