LA AUTOESTIMA DE LAS MUJERES

La autoestima es un elemento fundamental de la salud psicológica y psicofísica de una persona. ¿Hay diferencias de género y cuáles deberían ser?

La autoestima! Hermosa palabra, pero un objetivo no siempre es fácil de alcanzar. Es uno de esos términos psicológicos muy utilizados, a veces abusados, que pierden su consistencia y significado real en las conversaciones diarias.

Sin embargo, una buena autoestima es un elemento fundamental para vivir bien con una misma, para poder amar incluso si no es perfecto (una condición que en realidad no le gusta en nuestra sociedad) y, sobre todo, para mejorar con el tiempo y respetar nuestros ritmos y características personales.

Es una construcción psicológica que funciona en cada una de nosotras, pero cuya funcionalidad puede variar según algunas características.

¿Qué especificidad tiene la autoestima en las mujeres? ¿Cómo se combina con los roles y con las solicitudes externas? ¿Qué nos protege?

Intentemos responder a estas preguntas con la ayuda de Psicólogo Te Motivan

La autoestima: ¿personal o social?

El primer aspecto a considerar, en mi opinión, se refiere a una aclaración sobre la naturaleza de la autoestima. Si lo consideramos como la idea que tenemos de nosotros mismos y la amabilidad que creemos que poseemos, a primera vista podríamos pensar que es un constructo de naturaleza personal o incluso solipsista[1]. En realidad, la autoestima nace y se alimenta de relaciones personales.

La mujer, pero también el hombre, nace en un círculo familiar que acoge y nutre algunas características: es desde la primera relación con las figuras más importantes de la infancia que comenzamos a comprender cuánto valoramos, pero también cuándo. La cuestión de los roles y la adhesión a ellos significa que un niño se siente más o menos apreciado, apreciable en el cumplimiento de las expectativas que tal vez los padres tienen en su ser femenino.

Esta referencia externa no se logra en la infancia, pero no hace más que enriquecerse durante el crecimiento. Cuanto más maduramos, mayores son los contactos sociales y las referencias externas se vuelven múltiples y diferenciadas; nosotros hablamos de la autoestima como un caleidoscopio que nos recuerda una imagen múltiple, siempre en constante evolución para ser verificada en la relación con el medio ambiente.

Las mujeres y la relación.

Este aspecto social en la autoestima femenina adquiere una doble importancia porque es en la proximidad a los demás que las mujeres a menudo basan su imagen de sí mismas. Esta misma necesidad de entrar en relación nos lleva a considerar aquellos elementos invisibles, como las emociones, que parecen ser más descuidados por los hombres.

A partir de esta consideración, se deduce que la autoestima en las mujeres se basa en un camino relacional que es más lento que el basado en la autonomía más típicamente masculina y que también conduce a un proceso de individuación que cumple múltiples etapas y que culturalmente se asocia con la imagen de una persona socialmente poderosa.

Mujer, autoestima y amor.

Esta visión me lleva a hacer algunas consideraciones sobre cómo la autoestima se entrelaza en las relaciones de amor. A menudo hablamos sobre cómo las mujeres atrapadas en relaciones malsanas de dependencia emocional tienen una baja autoestima que las lleva a vincularse excesivamente, pero ¿cómo se combina esta verdad con una visión de la autoestima femenina basada en la relación?

En primer lugar, pensar en este enlace no debería llevarnos a creer que es solo uno de los vínculos fundadores; El segundo aspecto a considerar es que la relación antes mencionada es bidireccional.

Ponerse en contacto con alguien debe devolvernos algo, una satisfacción, un enriquecimiento o una buena imagen de nosotras, solo así la autoestima se nutrirá de la relación. Esto lleva a una mayor conciencia individual y, por lo tanto, a la posibilidad de participar en la relación como un persona autónoma y no como una advertencia. La autoestima en las mujeres pasa por las relaciones, pero no termina en ellas, sino que las trasciende para valorar al individuo.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

[1] Solipsismo, del latín “[ego] solus ipse” (traducible de forma aproximada como “solamente yo existo”), es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede, por un lado, no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo. Por otro lado, todo lo que un individuo supone que está a su alrededor puede que (para él) de verdad exista, pero todas las personas, excepto él, pueden no tener una conciencia ni/o alma y estar controladas por Dios o una deidad.

La fragilidad de la Autoestima ¿Qué puedo hacer?

Por autoestima nos referimos a la evaluación que cada persona hacemos de nosotras mismas. Dentro de esta evaluación encontramos: satisfacción para nosotros/as mismos/as, conciencia de nuestro valor y confianza en la capacidad para realizar una determinada tarea.

Cuando nos valoramos a nosotros/as mismos/as, no cuestionamos nuestra importancia y nuestras capacidades, no sentimos temores excesivos al emprender actividades nuevas y difíciles, tendemos a ser optimistas y confiados en poder aprovechar nuestros recursos. Las situaciones difíciles no se perciben como barreras, sino como desafíos estimulantes que generan energía y ganas de hacer.

Para aquellos/as con baja autoestima, la situación es opuesta. Cada pequeña prueba puede generar ansiedades y temores que llevan a escapar en lugar de un mayor compromiso. Las dudas sobre la capacidad de tener éxito afectan el rendimiento y disminuyen la motivación.

Este estado de tensión favorece un fracaso (causado por la falta de compromiso y actitud) que refuerza aún más las creencias de la persona al crear un círculo vicioso.

La autoestima obviamente no es un reflejo real de nuestras competencias, sino que solo concierne a las creencias que tenemos por nuestra cuenta, que luego influyen en la actitud general hacia la vida. En particular, la autoestima está estrechamente relacionada con la relación que construimos con los demás: solo si nos respetamos a nosotros mismos, a nuestras necesidades y a nuestros potenciales, podemos construir una relación constructiva con otras personas. Cuando la autoestima se lesiona, la relación con los demás también se ve profundamente afectada.

Aquí, entonces, en estos casos, proyectamos la falta de autoaceptación hacia el exterior, en una forma de temor a ser rechazados por los demás y sentimos desagrado, falta de reservas, no observados.

En las formas más extremas, la falta de autoaceptación se manifiesta en un sentimiento profundo y sutil: el deseo de “no ser visto”. No siempre podemos reconocer este aspecto en nosotros mismos: simplemente luchamos por salir de la casa, aceptar invitaciones, quedarnos con los demás. El deseo de no ser visto es la necesidad de esconderse del contacto con otros. Pero básicamente hablamos de un deseo que tiene raíces profundas y primitivas, simplemente pensamos en las metáforas ocultas detrás de algunos juegos de los niños como el “escondite” o los muchos cuentos donde el protagonista “se pierde”. Este instinto de esconderse se nutre del sentimiento de no poder, de no estar a la altura.

Los principales síntomas que ocurren cuando una persona tiene una autoestima “baja” son los siguientes:

Ansiedad crónica: se manifiesta cuando el individuo no tiene confianza en sus habilidades y, por lo tanto, vive un estado de ansiedad que aumenta cada vez más cuando se enfrenta a varias pruebas.

Autocrítica: la persona no se siente a la altura de las situaciones que lo rodean y muy a menudo tiende a estar obsesionada con el juicio de los demás. De esta manera, las elecciones de su vida están más condicionadas por la idea de complacer a los demás en lugar de perseguir sus propios deseos e inclinaciones.

Envidia hacia los demás: las personas que tienen baja autoestima tienden a envidiar a los demás por sus éxitos personales y personales (“¿por qué los demás lo hacen y no yo?”).

Síntomas físicos: a veces se pueden presentar manifestaciones físicas como taquicardia, temblores, tartamudeo, enrojecimiento y sudoración.

Por esta razón, es esencial encontrar las estrategias correctas para resolver / aliviar este problema y buscar un estado de mayor bienestar y calidad de vida.

El primer paso es aceptar nuestros propios fracasos y decepciones, pensando que estos son solo momentos temporales, cíclicos y, a menudo, normales en la vida y no un destino ineludible del que no podemos escapar. Este pasaje requiere un esfuerzo para salir de nuestros patrones mentales y la forma en que tenemos que dar sentido al mundo ya la vida.

El segundo paso es “aprender” a expresar el punto de vista, considerándolo legítimo y merecedor de ser expresado, incluso cuando no coincida con el de los demás. Un pasaje de este tipo trata sobre sentir, comprender y aceptar que “Yo también existo y que valgo como todos los demás”.

Finalmente, desde un punto de vista evolutivo, es necesario aclarar dentro de uno mismo/a, con respecto a aquellos que son nuestros propios deseos y objetivos: “¿Qué es lo que realmente quiero para mí? ¿Qué quiero lograr? “. Comenzar a comprender quiénes somos y lo que realmente queremos es un paso complejo, que pocos de nosotros estamos acostumbrados a hacer con conciencia, pero eso se convierte en un ejercicio de importancia fundamental, especialmente para aquellos/as que necesitan ver sus habilidades y su identidad expresada.

Este trabajo es ciertamente muy difícil, especialmente para aquellas personas que siempre han vivido este tipo de malestar interno y quizás han acumulado una serie de situaciones desagradables o “sin éxito”, en la vida personal o profesional, que determinan una historia de vida que a menudo es dolorosa.

Suponiendo que nunca sea demasiado tarde para volver al juego y cambiar, si no puede hacerlo tú mismo/a, el consejo es recurrir a un especialista que pueda acompañarnos en una reflexión más profunda, que nos permita sobre todo ver todos nuestros recursos ocultos para extraer; esos recursos que nunca nos dimos cuenta que teníamos: reconocerlos, mejorarlos y ponerlos en el campo, haciéndolos verdaderamente nuestros.

Psicólogo Te Motivan

Hilera 8, Málaga

Carlos Casaleiz

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11 signos de que sufrimos de baja autoestima.

 

 

Sentirse inadecuada, inferior, no valer la pena, percibirse a sí mismo como personas que no merecen amor … son pensamientos que podemos experimentar al menos en un período negativo de nuestra vida. Todos pueden experimentar momentos de inseguridad, o experimentar sentimientos de insuficiencia cuando se encuentran en medio de ciertas circunstancias y situaciones. Todo esto también puede ser “normal”, si se vive dentro de un cierto límite.

Sin embargo, cuando estos pensamientos disfuncionales comienzan a echar raíces más profundas hasta el punto de comprometer la calidad de nuestra propia vida, tal vez retrocedamos unos pasos.

La baja autoestima puede ser un arma real dirigida a

La baja autoestima es una fuerza vampírica que devora y destruye todo lo que podemos tener y soñar: nuestro potencial, nuestros talentos, sueños, relaciones … Los complejos de inferioridad pueden convertirse en una forma de vida y la incapacidad de amarnos unos a otros. Puede convertirse en una convicción de poco valor.

Vivir no solo significa existir, sino ser y crear, saber disfrutar y sufrir y no dormir sin soñar.

Es entonces cuando la baja autoestima comienza a convertirse en una forma real de autodestrucción, que con el tiempo arruina las relaciones, destruye los sueños y las aspiraciones y paraliza los talentos y el potencial, acostumbrando a la persona a creer que no tiene las herramientas adecuadas para vivir una vida que esté a la altura de tus expectativas.

Cómo nace la baja autoestima

Tal vez haya escuchado las náuseas diciendo: “Si no te amamos, ¿quién te amará alguna vez?”. Aunque este concepto contiene un fondo de verdad, en la vida sucede exactamente lo contrario: muchas personas aprenden a creer en sí mismas solo cuando encuentran a alguien que cree en ellas.

Nuestra autoestima depende mucho de las experiencias que tuvimos en los primeros años de vida: si las relaciones con las personas que nos cuidaron (padres, abuelos, maestros, etc.) fueron positivas y gratificantes, probablemente hubiéramos desarrollado una imagen positiva de nosotros mismos. .

Si, por otra parte, las relaciones con quienes nos rodean estuvieran marcadas por la frialdad y la crítica, es casi seguro que habríamos desarrollado una opinión negativa de nosotros mismos y tendríamos dificultades para aceptar y creer en nuestro potencial. El niño que no se siente aceptado por lo que realmente está en la totalidad de su ser, tiende a culpar y pensar: “Si mis padres me critican / me comparan con otros / no me quieren lo suficientemente bien, entonces debe haber algo mal”. en mi “.

Este niño comenzará a creer que sus padres no lo aprecian lo suficiente porque es estúpido, malo, está equivocado, no merece amor y comenzará a desarrollar una imagen negativa de sí mismo.
Afortunadamente, incluso si ha tenido una infancia infeliz, puede aprender a amarse a sí mismo, pero sobre todo aprender a mirarse a sí mismo con ojos más benevolentes.

Efectos de la baja autoestima en la vida cotidiana.

Cuando uno tiene un concepto pobre de uno mismo, las percepciones que provienen de la realidad, condicionan nuestra capacidad para observar y evaluar las situaciones de manera objetiva: en consecuencia, las conclusiones a las que llegamos llegan al cambio.

Aquí están las consecuencias de las evaluaciones condicionadas por una baja autoestima:

1) El miedo al fracaso nos lleva a una falta de expresión de nuestros recursos personales, nuestro potencial humano y nuestras habilidades reales, porque nos impide la no acción, limitándonos a una vida y un trabajo muy por debajo de nuestro potencial.

2) La percepción errónea de uno mismo y el sentido de inferioridad matan nuestros sueños, nuestras aspiraciones; las oportunidades permanecen perdidas y las oportunidades se pierden, y esto principalmente porque primero nos cuesta creer en lo que podemos hacer.

3) El temor de no ser aceptado, juzgado, la necesidad de ser aprobado, etc. son pensamientos incapacitante que afectan la calidad de nuestras relaciones, tanto sociales como sentimentales. La incapacidad de complacer nos hace egoístas a veces narcisistas y básicamente incapaces de apreciar la bondad que hay en los demás. Esto nos lleva, con el tiempo, a ser excesivamente exigentes con quienes nos rodean, cobrándoles la responsabilidad de hacernos sentir cuando estamos convencidos por primera vez de lo contrario.

11 signos de que sufrimos de baja autoestima.

La baja autoestima se puede reconocer a través de algunas señales muy claras:

1) perfeccionismo

El perfeccionismo podría deberse a la baja autoestima. El perfeccionista trata de corresponder a la imagen ideal que ha creado para sí mismo, y para no lograrla, siente una sensación de frustración, incluso hasta el punto de desprecio; cada error es una buena excusa para reprocharse y criticar constantemente.

2) Lenguaje

Una persona con baja autoestima en su discurso usa constantemente ciertas palabras. Primero están las frases negativas: “es imposible; No estoy seguro, No estoy lista, No tengo ningún conocimiento relevante, sí … pero … “En segundo lugar, excusas constantes. Y en tercer lugar, frases que reducen el valor de su trabajo y su comportamiento. Seguramente usted ha escuchado excusas tales como: “Tuve suerte; la mayoría de mis amigas lo hicieron y yo les estaba ayudando “, y así sucesivamente.

Las personas con baja autoestima no entienden los cumplidos y, gracias, inmediatamente tratan de discutir y probar lo contrario. ¿Por qué? Es el sentimiento de culpa, pase lo que pase. Puede ser que, desde su punto de vista, el trabajo no se haya hecho bien o no haya sido lo suficientemente dedicado. El sentimiento de culpa es el signo más evidente gracias al cual es posible identificar a la persona que no piensa demasiado en sí misma.

3) El sentimiento de culpa.

La culpa, como el perfeccionismo, es otro indicador de baja autoestima. Una persona con baja autoestima sufre de una autocrítica constante y no puede percibir los errores del pasado, de ahí el sentimiento neurótico de culpa en las personas inseguras. En la base del sentimiento de culpa se entrelazan diferentes formas de relacionarse con uno mismo. Por ejemplo, la mayoría de las personas que experimentan constantemente la culpa no creen que merecen el amor y la gratificación que la vida les ofrece, y por esta razón se aprovechan de cada pequeño error para autocastigarse.

4) la envidia

La envidia es un estado que está ciertamente vinculado a la devaluación de uno mismo, quienes sufren de baja autoestima tienden a ser como los demás, alimentan una profunda incomodidad y resentimiento hacia las personas, hasta el punto de esperar el mal solo por poseer una Calidad determinada.

5) Justificación

Usualmente usan excusas o excusas cuando quieren mostrar seguridad o quieren dar una buena impresión de sí mismos. Sin embargo, sin darse cuenta, muestran su inseguridad, buscando su aprobación en los demás. En estos momentos la duda, la incertidumbre de lo que puedan pensar y la inseguridad les hacen olvidar que tienen derecho a sus decisiones personales, les guste o no a los demás. Intentan, por lo tanto, enmascararlos o transformarlos según el criterio de los demás.

6) La falta de iniciativa.

Las personas con baja autoestima tienen dificultades para emprender o promover acciones voluntarias. En lugar de tomar sus propias iniciativas, prefieren seguir las emprendidas por lal pareja, el amigo o el grupo de turno. Ejemplo práctico: nunca proponen actividades recreativas con amigos (viajes, salidas, citas), sino que se limitan a seguir el programa de otros.

7) Indecisión

Cualquier tipo de elección, desde la más simple hasta la más compleja, desde comprar un cepillo de dientes hasta cambiar una ciudad, puede ser una tarea compleja e hiper problemática para las personas con baja autoestima. También podría suceder que pospongan la decisión de días, semanas, arrastrando la indecisión con todos los procesos mentales, esperando que así sea el caso para elegirlos. ¡Pero qué dolor!

8) Intentar evitar conflictos.

Las personas con baja autoestima están dispuestas a hacer cualquier cosa para evitar conflictos o tensiones entre las personas. Todo debe estar en armonía, incluso si se obtiene con una mentira blanca: la mentira clásica que se dice que se salvó …

9) desconfianza

Puede suceder que las personas con baja autoestima muestren abierta desconfianza y cinismo hacia los demás. Esta es solo una variante de la posición de protección … como dicen “la mejor defensa es el ataque”.

10) el narcisismo

Hay pocas personas que sufren de baja autoestima y tratan de compensarla adoptando actitudes de superioridad o arrogancia. La baja autoestima está, por lo tanto, enmascarada y compensada por actitudes despectivas, altivas y arrogantes.

11) Fatiga, insomnio, dolor de cabeza … problemas psicosomáticos

Los síntomas de baja autoestima pueden ser tanto psicológicos como físicos y psicosomáticos. Según los psicólogos, la inseguridad extrema conduce a insomnio crónico, fatiga y dolores de cabeza. La baja autoestima puede implicar más síntomas internos, relacionados con el sistema digestivo o intestinal.

¿Qué podemos hacer para fortalecer la autoestima?

Estos son los principales indicadores identificados en un estado de baja autoestima, un malestar que puede ser absolutamente curado y resuelto. Aquí hay una pequeña lista de consejos:

Ponte metas realistas

Sé consciente de tus límites

Aprecia tus cualidades

Trátate con cariño y sé positivo.

Hacer crítica constructiva.

Date tiempo libre

Tratar de ser asertivo

Ejercicio

No te compares con los demás

Podríamos agregar más consejos, pero estos son pequeños pasos que pueden hacer una gran diferencia. Confiar en uno mismo no siempre es fácil, pero nunca es imposible. También es importante poder compartir nuestras emociones, problemas, con miembros de la familia o con un amigo.

Con demasiada frecuencia nos convencemos de poder enfrentar todo solo o de que no es oportuno amar a los demás con nuestros problemas. En cambio, hablar a veces nos hace encontrar una solución más rápido.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

La dignidad es el lenguaje de la autoestima

La dignidad no es el fruto del orgullo, es un bien precioso que no podemos darnos a los demás o perder a la ligera. La dignidad es la autoestima, el respeto por uno mismo y la salud. También es la fuerza que nos levanta del suelo cuando nos hemos roto las alas, con la esperanza de llegar a un punto lejano donde nada duele, donde una vez más podemos permitirnos mirar el mundo con la cabeza en alto.

Fácilmente podríamos decir que hoy en día pocas palabras son tan importantes como la que da título a este artículo. Fue Ernesto Sabato quien dijo hace unos años que, aparentemente, la dignidad de la persona humana no estaba prevista en este mundo globalizado. Podemos verlo todos los días, nuestra sociedad se articula cada vez más en una estructura en la que lentamente estamos perdiendo más y más derechos, más oportunidades e incluso libertad.

Sin embargo, y esto es interesante de tener en cuenta, hay muchos filósofos, sociólogos, psicólogos y escritores que intentan ofrecernos estrategias para dar forma a lo que ellos llaman “la era de la dignidad”. De hecho, creen que ha llegado el momento de definirse, de hacer oír nuestras voces y de trabajar en nuestras fortalezas para encontrar una mayor satisfacción en el entorno que nos rodea y generar un cambio significativo en esta sociedad cada vez más desigual.

La personalidad como Robert W. Fuller, físico, diplomático y educador, han puesto en juego un término que indudablemente comenzaremos a escuchar más a menudo. Se trata de “rango”. Este término incluye todos aquellos comportamientos que nos quitan nuestra dignidad día tras día: ser intimidados por terceros (socios, jefes, compañeros de trabajo), sufrir acoso, sexismo e incluso convertirse en víctimas de la jerarquía social.

Todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, hemos sentido que hemos perdido nuestra dignidad. Ya sea por una relación abusiva o porque hicimos un trabajo mal pagado, sigue siendo situaciones con un alto costo personal. Exigir cambios, ponernos de nuestro lado y luchar por nuestros derechos, nunca será un acto de orgullo, sino una expresión de nuestra osadía de ser valientes.

Recuperar y fortalecer la dignidad de uno

Ciertamente es curioso ver cómo el observador externo, el lector que viaja de una página a otra en libros como “Lo que queda del día”, inmediatamente se da cuenta de cómo una persona en particular es manipulada o cómo está tejiendo un trabajo laborioso. Engaña para justificar cada acto inexplicable en sus propios ojos.

 

            “La dignidad no consiste en poseer honores, sino en la conciencia de merecerlos”.

                                                           -Aristotele-

Podemos encontrarnos dando todo por amor, por esa relación dañina, tóxica e incluso debilitante. A veces amamos con los ojos cerrados y nuestros corazones abiertos, sin darnos cuenta de que este vínculo está destruyendo toda la estructura de nuestra autoestima. Tal vez hagamos este trabajo mal pagado durante mucho tiempo, en el que no somos apreciados, dejando que la vida y la dignidad se nos escapen … Pero, ¿qué quieres hacer ?, los tiempos son lo que son y siempre es más malvado que una cuenta corriente vacía.

Debemos despertar, como hemos dicho anteriormente, esta debe ser la era de la dignidad, en el que todos tenemos que recordar a nuestros valores, nuestra fuerza, nuestro derecho a tener una vida mejor, para ser digno de lo que queremos y necesitamos Decirlo en voz alta, establecer límites, cerrar las puertas para abrir otra y definir nosotros mismos delante de los demás, no es un acto de orgullo o egoísmo.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

Ganar los desafíos cotidianos: construcción cognitiva de la autoestima

La autoestima es un paradigma que se puede construir a través de estrategias cognitivas y depende de la forma en que el individuo se enfrenta a la vida cotidiana.

 

LA AUTOESTIMA

De acuerdo con las teorías clásicas de James (1890) autoestima depende de la relación que existe entre el ser real, o lo que la persona piensa de sí mismo, y el yo ideal, que es la forma en que la persona le gustaría ser.

La concepción anterior, predominantemente intraindividual, no toma en cuenta las variables ambientales, es decir, aquellos factores que pueden poner en práctica interindividuales o hacer que disminuya la autoestima. Según Bracken (1993) las personas derivan su valor de la información sobre la percepción de los demás. Este conocimiento que tiene la alteridad del sujeto, por medio de un proceso de retroalimentación, se ve influenciada por la idea de que el individuo tiene de sí mismo.

Para Horney (1971) , la imagen, y por lo tanto la impresión de uno mismo depende de la relación que se ha desarrollado entre él y las figuras de apego. En otras palabras, se trata de interacciones afectivas, que se estructuran en los primeros años de vida, que determinan el amor sí mismo o el odio, vista las emociones como la base de la autoestima o el desprecio que el individuo se desarrolla en contra de sí mismo .

Distorsiones cognitivas

Cada persona necesita, a menudo,  saber cuánto vale, en términos globales, para establecer su valor de mérito y esto se hace mediante el análisis y la categorización de las experiencias vividas. A veces estos auto-análisis son perturbados por las distorsiones cognitivas, o por pensamientos que perturban la autoestima.

Sacco y Beck (1985) indican un número de distorsiones cognitivas, que son:

inferencias cognitivas, a través del cual los individuos maduran las ideas arbitrarias sobre sí mismos sin el respaldo de los datos reales y objetivos;
abstracciones selectivas, por medio de la cual una pequeña situación particular negativa se extrapola, convirtiéndose emblemáticos y representativos de su forma de ser;
la sobregeneralización, Este es un tipo de pensamiento que se caracteriza por la tendencia a sacar una conclusión general a partir de un acontecimiento puntual que nos haya sucedido y entorno al cuál, inconscientemente, creamos toda una filosofía de vida que resulta poco adaptativa. Las palabras que suelen acompañar a esta distorsión son: “nadie”, “nunca”, “siempre”, jamás”, “todos” o “ninguno”, etc.

La personalización, que le da derecho a sentirse culpable por algún evento negativo que sucedió;
El pensamiento dicotómico, Podríamos definir a este tipo de pensamiento que nos permite ver el absoluto en un solo lado de la escala. Extremo blanco-negro, bueno-malo, frio o caliente y no permite puntos intermedios. Siempre los extremos nos hablarán de problemas en los procesamientos cognitivos de información.

Estrategias para aumentar la autoestima

Para aumentar la percepción positiva de sí mismos hay diferentes estrategias, como la especificación de Toro (2010), tales como:

  • el aumento en la técnica de resolución de problemas;
  • la implementación de autodiscursos positivos;
  • la reestructuración del estilo atribucional;
  • la extensión del autocontrol;
  • la modificación de los estándares cognitivos;
  • el fortalecimiento de las habilidades de comunicación.

La autoestima es a menudo una función de las capacidades que tenemos para resolver problemas. Por lo general, la resolución de las dificultades requiere un procedimiento dividido en fases consecutivas, que son:

  • La conciencia de tener un problema;
  • El análisis del problema en su totalidad;
  • Identificando un objetivo que queremos lograr, al resolver el problema;
  • Enfocando las diferentes soluciones para eliminar la dificultad;
  • Imaginar los efectos prácticos de cada solución posible;
  • La búsqueda de la táctica óptima que permite resolver el problema, a través de la menor desperdicio de energías (Toro, op. cit., p. 34).

La autoestima se puede aumentar a través de un diálogo positivo con uno mismo, con su propia voz interior. En otras palabras, si primero enviamos mensajes positivos a nuestra mente, es muy probable que las auto-percepciones pueden mejorar (Toro, op. Cit., P. 35).

Una contribución considerable a la aplicación de la autoestima proviene de estilo de atribución. En la práctica, si somos objetivos, podemos reconocer que a menudo la causa de ciertos eventos o situaciones que nos suceden y que alteran la percepción de sí mismo no depende sólo de nosotros (Toro, op. Cit., P. 35).

Otra forma de aumentar la autoestima es la reestructuración cognitiva de la percepción de la realidad, utilizando las interpretaciones positivas. En otras palabras, acostumbrarse a leer lo positivo en lo que sucede o vive. De esta manera se aumenta el control de los pensamientos, polarizando hacia la positividad (Toro, op. Cit., P. 36).

A menudo, este cambio de restructuración  cognitiva, hacia aquello que hacemos, tendrán sobre sí mismo una cambio muy positivo en la  autoestima. De hecho, cuando se tiene grandes expectativa, se corre el riesgo de no estar a la altura de nuestras pretensiones, con la consiguiente afectación a nuestra autoestima (Toro, op. Cit., P. 36).

Finalmente, la posesión de buenas habilidades de comunicación, que te permiten sentirte bien con los demás, aumenta tu autoestima (Toro, op.cit., Página 37).

La autoeficacia

Conectado a la autoestima está la sensación de tener el control de la propia vida y los eventos que suceden. Básicamente, cuanto más se estructura esta percepción y se fortalece la autoestima (Weiner, 1986).

Además, el sentido de autoeficacia es extremadamente importante en la percepción de la autoestima. Con esta construcción, como señala Bandura (2000), nos referimos a la confianza en las propias capacidades para diseñar estrategias que permitan enfrentar de la mejor manera posible cualquier eventualidad. El concepto de autoeficacia se implementa:

Del resultado brillante de situaciones problemáticas previas enfrentadas;
de experiencias vicarias, es decir, haber visto a otros enfrentar situaciones difíciles y salir victoriosos; del estado de bienestar derivado de haber pasado pruebas particularmente exigentes;de la capacidad de imaginar ganar en experiencias difíciles (Toro, op.cit., pag 47 – 48).

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

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