Hay momentos en los que parece que las ganas desaparecen. Levantarse, trabajar, estudiar, hacer deporte o incluso quedar con otras personas puede convertirse en un esfuerzo. Cuando esto ocurre, es frecuente pensar: “No tengo motivación para nada”. Es en estos momentos cuando es crucial aprender cómo recuperar la motivación.
Sentirse desanimado durante una etapa concreta no significa necesariamente que exista un problema psicológico. El cansancio, el estrés, los cambios importantes, las dificultades personales o una situación emocional complicada pueden hacer que disminuyan temporalmente las ganas de hacer cosas.
Sin embargo, cuando el desánimo se mantiene, podemos entrar en un círculo en el que hacemos cada vez menos, nos sentimos peor y esperamos a recuperar las ganas antes de volver a actuar.
La buena noticia es que la motivación no siempre tiene que aparecer antes de empezar. En muchas ocasiones, recuperar poco a poco la actividad puede ayudar a que las ganas vuelvan.
Existen diversas estrategias que pueden ayudarnos a entender cómo recuperar la motivación y evitar caer en la apatía.
¿Por qué perdemos la motivación cuando estamos desanimados?
La falta de motivación puede tener diferentes causas. No siempre existe una única explicación y, en ocasiones, varias circunstancias se acumulan al mismo tiempo.
Cansancio físico o mental
Cuando llevamos demasiado tiempo sometidos a exigencias, responsabilidades o preocupaciones, nuestro nivel de energía puede disminuir. Incluso actividades que normalmente resultaban agradables pueden empezar a parecernos demasiado esfuerzo.
Estrés y exceso de responsabilidades
El estrés mantenido puede hacer que nuestra atención se centre principalmente en resolver problemas y cumplir obligaciones. Cuando esto ocurre, queda menos espacio para el descanso, el ocio y las actividades que nos ayudan a recuperar energía.
Un estado de ánimo bajo
Cuando estamos tristes o desanimados, podemos interpretar las actividades cotidianas de una manera diferente. Algo que antes nos parecía sencillo puede parecer difícil o poco atractivo.
Además, es habitual reducir progresivamente la actividad: dejamos de hacer deporte, quedamos menos con otras personas, abandonamos aficiones o posponemos tareas. Esta reducción puede terminar reforzando el propio desánimo.
Problemas personales o cambios importantes
Aprender a manejar estos desafíos nos permitirá encontrar formas efectivas de cómo recuperar la motivación y seguir adelante.
Una ruptura de pareja, problemas familiares, dificultades laborales, conflictos personales, pérdidas o cambios importantes pueden afectar temporalmente a nuestra energía y motivación.
Una rutina demasiado limitada
Cuando nuestros días están compuestos únicamente por obligaciones, también puede disminuir la sensación de satisfacción. El cerebro necesita cierta variedad entre responsabilidades, descanso, relaciones sociales y actividades que tengan algún significado personal.
¿Tengo que sentir motivación para empezar?
Esta es una de las ideas más importantes cuando estamos desanimados: no siempre necesitamos sentir ganas para comenzar una actividad.
Es fácil pensar:
“Cuando me encuentre mejor, volveré a hacer cosas”.
El problema es que esperar a sentirse completamente motivado puede prolongar la inactividad.
En cambio, podemos plantearnos otra posibilidad:
“Aunque ahora no tenga muchas ganas, puedo hacer algo pequeño que sea importante para mí”.
La acción no garantiza que vayamos a sentirnos bien inmediatamente, pero puede ayudarnos a recuperar progresivamente actividad, estructura y contacto con experiencias que pueden resultar valiosas.
Cómo recuperar la motivación cuando estás desanimado
Empieza por algo pequeño
Cuando estamos desanimados, intentar cambiarlo todo de golpe suele ser poco realista.
Es preferible elegir una acción sencilla y concreta:
- Dar un paseo de diez minutos.
- Ducharte y vestirte aunque no tengas planes.
- Ordenar una pequeña parte de la casa.
- Llamar a una persona de confianza.
- Retomar durante unos minutos una afición.
- Salir a tomar un café.
El objetivo inicial no es recuperar toda la motivación, sino volver a poner algo de movimiento en el día.
No esperes a tener ganas para actuar
Cuando estamos desanimados, la motivación puede fluctuar. Si solamente hacemos determinadas cosas cuando tenemos ganas, nuestra actividad puede reducirse considerablemente.
En cambio, podemos aprender a actuar también cuando las ganas son bajas.
Esto no significa obligarnos constantemente a hacer cosas que nos resultan insoportables. Significa diferenciar entre “no quiero hacerlo porque realmente no me conviene” y “no me apetece hacerlo porque estoy desanimado”.
Esta diferencia puede ser especialmente importante para recuperar progresivamente una rutina.
Recupera una rutina básica
Cuando estamos desanimados, los horarios pueden desorganizarse. Nos acostamos más tarde, nos levantamos sin una estructura clara, comemos a deshoras o pasamos demasiado tiempo delante del móvil o la televisión.
No necesitas crear una rutina perfecta. Empieza por establecer algunos puntos de referencia:
- Levantarte aproximadamente a la misma hora.
- Mantener unos horarios razonables para las comidas.
- Salir de casa cada día si es posible.
- Incluir algo de movimiento físico.
- Reservar un momento para descansar.
- Mantener algún contacto social.
Una rutina sencilla puede aportar estructura cuando internamente todo parece más desordenado.
Recupera actividades que antes disfrutabas
Cuando estamos desanimados podemos abandonar precisamente aquellas actividades que anteriormente nos ayudaban a sentirnos bien.
Piensa en actividades que antes formaban parte de tu vida:
- Leer.
- Escuchar música.
- Hacer deporte.
- Cocinar.
- Caminar.
- Viajar.
- Quedar con amigos.
- Pasar tiempo con la familia.
- Practicar alguna afición.
No es necesario recuperar todas a la vez. Elige una o dos y vuelve a incorporarlas progresivamente.
Las recomendaciones del NHS sobre el estado de ánimo bajo incluyen aumentar progresivamente las actividades útiles y agradables, mantener el contacto con otras personas y cuidar aspectos básicos como el sueño. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Conecta con aquello que realmente te importa
Recuperar la motivación no consiste únicamente en hacer más cosas. También puede ser útil preguntarnos para qué queremos hacerlas.
Por ejemplo:
- ¿Qué tipo de persona quiero ser?
- ¿Qué relaciones quiero cuidar?
- ¿Qué aspectos de mi vida considero importantes?
- ¿Qué estoy dejando de hacer por estar desanimado?
- ¿Qué pequeño paso puedo dar hoy en esa dirección?
Desde una perspectiva basada en la aceptación y el compromiso, los valores pueden convertirse en una brújula para actuar incluso cuando determinadas emociones no acompañan.
No se trata de eliminar primero el desánimo para después vivir de acuerdo con lo que nos importa. En ocasiones, podemos empezar a acercarnos a aquello que valoramos mientras el desánimo sigue presente.
Reduce el aislamiento
Cuando estamos desanimados es frecuente cancelar planes y pasar más tiempo solos. A corto plazo puede resultar cómodo, pero si el aislamiento aumenta puede hacer que nos sintamos todavía peor.
No necesitas convertirte de repente en una persona extremadamente sociable.
Puede ser suficiente con:
- Enviar un mensaje a alguien de confianza.
- Dar un paseo acompañado.
- Tomar un café con un amigo.
- Hablar con un familiar.
- Retomar progresivamente alguna actividad social.
El objetivo no es estar acompañado todo el tiempo, sino evitar que el desánimo termine desconectándote completamente de los demás.
Haz ejercicio o aumenta ligeramente tu actividad física
La actividad física puede ser una herramienta útil para mejorar el estado de ánimo y recuperar progresivamente energía. No es necesario comenzar con entrenamientos intensos.
Si llevas tiempo sin hacer ejercicio, puedes empezar caminando unos minutos al día y aumentar progresivamente según tus posibilidades.
Lo importante es encontrar una actividad que puedas mantener y que sea compatible con tu situación física.
Reconoce los pequeños avances
Cuando estamos desanimados podemos cometer el error de valorar únicamente los grandes resultados.
Si hoy has salido a caminar diez minutos, has llamado a un amigo o has retomado una actividad que habías abandonado, eso también cuenta.
Recuperar la motivación suele ser un proceso progresivo, no un cambio repentino.
En lugar de preguntarte únicamente “¿ya estoy bien?”, puede ser más útil preguntarte:
“¿Qué he hecho hoy que me acerca un poco a la vida que quiero?”
Motivación y estado de ánimo: un círculo que puede romperse
La relación entre motivación y estado de ánimo puede convertirse en un círculo.
Por ejemplo:
Desánimo → menos actividad → menos experiencias agradables → más aislamiento → mayor desánimo.
Pero el proceso también puede empezar a funcionar en sentido contrario:
Pequeña acción → mayor actividad → nuevas experiencias → sensación de avance → más posibilidades de volver a actuar.
Esto no significa que cualquier persona pueda resolver un problema emocional simplemente “poniéndose las pilas”. El contexto y las circunstancias de cada persona son diferentes.
Significa que, cuando el problema está relacionado con un círculo de inactividad y desánimo, introducir pequeñas acciones puede ser una parte importante del cambio.
¿Qué hacer cuando nada parece motivarte?
Hay momentos en los que incluso las actividades que antes disfrutábamos dejan de resultar atractivas.
En estos casos puede ser útil dejar de buscar constantemente una sensación inmediata de placer y empezar por acciones que tengan algún significado o utilidad.
Por ejemplo, quizá no tengas ganas de salir a caminar, pero sabes que caminar te ayuda a despejarte. Puedes hacerlo durante diez minutos sin exigirte disfrutar de cada momento.
También puede ser útil reducir la exigencia. No necesitas recuperar inmediatamente tu antiguo nivel de actividad. Puedes empezar con una versión más pequeña de lo que hacías anteriormente.
Si antes corrías durante una hora y ahora no tienes energía, quizá el objetivo inicial sea simplemente salir a caminar.
Si antes quedabas con tus amigos todos los fines de semana y ahora no tienes ganas de socializar, quizá puedas empezar por hablar con una persona durante unos minutos.
La recuperación puede comenzar con una versión pequeña de la vida que quieres volver a construir.
¿Estar desanimado significa que tengo depresión?
No necesariamente.
Todos podemos atravesar periodos de tristeza, cansancio o desánimo. La diferencia está, entre otros aspectos, en la intensidad, la duración y el impacto que tiene sobre nuestra vida cotidiana.
La Organización Mundial de la Salud explica que la depresión es diferente de las fluctuaciones habituales del estado de ánimo y puede implicar un estado de ánimo deprimido o pérdida de interés o placer durante periodos prolongados, junto con otros síntomas como problemas de sueño, dificultades de concentración, cansancio o sentimientos de desesperanza. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Por eso, sentirse desanimado durante unos días no permite por sí solo concluir que existe una depresión.
Si el malestar se mantiene, aumenta o empieza a interferir de forma importante en el trabajo, las relaciones, el autocuidado o las actividades cotidianas, puede ser recomendable consultar con un profesional de la salud mental.
¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?
No es necesario esperar a encontrarse completamente desbordado para pedir ayuda.
Puede ser conveniente consultar con un psicólogo cuando:
- El desánimo se mantiene durante varias semanas.
- Has perdido el interés por muchas actividades.
- Te cuesta realizar tareas cotidianas.
- Te estás aislando progresivamente.
- La falta de motivación está afectando a tu trabajo o estudios.
- Tu sueño o alimentación han cambiado significativamente.
- Te sientes constantemente agotado.
- La tristeza o la sensación de vacío son cada vez mayores.
- No consigues salir por ti mismo del círculo de inactividad.
La intervención psicológica puede ayudarte a comprender qué está manteniendo el problema y a desarrollar estrategias adaptadas a tu situación.
Además, si aparecen pensamientos relacionados con la muerte, el suicidio o hacerse daño, es importante buscar ayuda profesional urgente y utilizar los recursos de emergencia disponibles en tu zona.
Cómo recuperar la motivación: empieza por un paso pequeño
Cuando estamos desanimados, es fácil pensar que primero necesitamos recuperar las ganas y después empezar a actuar.
Sin embargo, muchas veces el proceso puede funcionar al revés.
No necesitas recuperar toda la motivación para dar un primer paso.
Puedes empezar por algo pequeño: salir a caminar, hablar con alguien, recuperar una actividad, ordenar una parte de tu día o dedicar unos minutos a algo que sea importante para ti.
El objetivo no es obligarte a estar bien, sino comenzar a recuperar progresivamente una vida que tenga espacio para el descanso, las relaciones, las actividades agradables y aquello que realmente te importa.
Si quieres comprender mejor el estado de ánimo bajo, sus causas y cómo mejorarlo, puedes consultar nuestro artículo principal sobre este tema.
También puedes leer “No tengo ganas de hacer nada: causas y qué hacer”, donde profundizamos en la falta de ganas, la apatía y la pérdida de actividad.
Conclusión
Recuperar la motivación cuando estás desanimado no consiste en esperar a que aparezcan de repente las ganas de hacer cosas. En muchas ocasiones, se trata de recuperar progresivamente la actividad y volver a conectar con aquello que tiene sentido para ti.
Empieza pequeño, establece una rutina básica, cuida tus relaciones, recupera actividades significativas y evita exigirte cambios inmediatos.
La motivación puede aparecer durante el camino, no necesariamente antes de dar el primer paso.
Si el desánimo se mantiene o interfiere de forma importante en tu vida, pedir ayuda psicológica puede ser una forma de dejar de afrontar el problema en soledad y comprender qué está ocurriendo.


0 comentarios