La dignidad no es el fruto del orgullo, es un bien precioso que no podemos darnos a los demás o perder a la ligera. La dignidad es la autoestima, el respeto por uno mismo y la salud. También es la fuerza que nos levanta del suelo cuando nos hemos roto las alas, con la esperanza de llegar a un punto lejano donde nada duele, donde una vez más podemos permitirnos mirar el mundo con la cabeza en alto.

Fácilmente podríamos decir que hoy en día pocas palabras son tan importantes como la que da título a este artículo. Fue Ernesto Sabato quien dijo hace unos años que, aparentemente, la dignidad de la persona humana no estaba prevista en este mundo globalizado. Podemos verlo todos los días, nuestra sociedad se articula cada vez más en una estructura en la que lentamente estamos perdiendo más y más derechos, más oportunidades e incluso libertad.

Sin embargo, y esto es interesante de tener en cuenta, hay muchos filósofos, sociólogos, psicólogos y escritores que intentan ofrecernos estrategias para dar forma a lo que ellos llaman “la era de la dignidad”. De hecho, creen que ha llegado el momento de definirse, de hacer oír nuestras voces y de trabajar en nuestras fortalezas para encontrar una mayor satisfacción en el entorno que nos rodea y generar un cambio significativo en esta sociedad cada vez más desigual.

La personalidad como Robert W. Fuller, físico, diplomático y educador, han puesto en juego un término que indudablemente comenzaremos a escuchar más a menudo. Se trata de “rango”. Este término incluye todos aquellos comportamientos que nos quitan nuestra dignidad día tras día: ser intimidados por terceros (socios, jefes, compañeros de trabajo), sufrir acoso, sexismo e incluso convertirse en víctimas de la jerarquía social.

Todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, hemos sentido que hemos perdido nuestra dignidad. Ya sea por una relación abusiva o porque hicimos un trabajo mal pagado, sigue siendo situaciones con un alto costo personal. Exigir cambios, ponernos de nuestro lado y luchar por nuestros derechos, nunca será un acto de orgullo, sino una expresión de nuestra osadía de ser valientes.

Recuperar y fortalecer la dignidad de uno

Ciertamente es curioso ver cómo el observador externo, el lector que viaja de una página a otra en libros como “Lo que queda del día”, inmediatamente se da cuenta de cómo una persona en particular es manipulada o cómo está tejiendo un trabajo laborioso. Engaña para justificar cada acto inexplicable en sus propios ojos.

 

            “La dignidad no consiste en poseer honores, sino en la conciencia de merecerlos”.

                                                           -Aristotele-

Podemos encontrarnos dando todo por amor, por esa relación dañina, tóxica e incluso debilitante. A veces amamos con los ojos cerrados y nuestros corazones abiertos, sin darnos cuenta de que este vínculo está destruyendo toda la estructura de nuestra autoestima. Tal vez hagamos este trabajo mal pagado durante mucho tiempo, en el que no somos apreciados, dejando que la vida y la dignidad se nos escapen … Pero, ¿qué quieres hacer ?, los tiempos son lo que son y siempre es más malvado que una cuenta corriente vacía.

Debemos despertar, como hemos dicho anteriormente, esta debe ser la era de la dignidad, en el que todos tenemos que recordar a nuestros valores, nuestra fuerza, nuestro derecho a tener una vida mejor, para ser digno de lo que queremos y necesitamos Decirlo en voz alta, establecer límites, cerrar las puertas para abrir otra y definir nosotros mismos delante de los demás, no es un acto de orgullo o egoísmo.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

×
Escríbeme ahora