La autoestima es un elemento fundamental de la salud psicológica y psicofísica de una persona. ¿Hay diferencias de género y cuáles deberían ser?

La autoestima! Hermosa palabra, pero un objetivo no siempre es fácil de alcanzar. Es uno de esos términos psicológicos muy utilizados, a veces abusados, que pierden su consistencia y significado real en las conversaciones diarias.

Sin embargo, una buena autoestima es un elemento fundamental para vivir bien con una misma, para poder amar incluso si no es perfecto (una condición que en realidad no le gusta en nuestra sociedad) y, sobre todo, para mejorar con el tiempo y respetar nuestros ritmos y características personales.

Es una construcción psicológica que funciona en cada una de nosotras, pero cuya funcionalidad puede variar según algunas características.

¿Qué especificidad tiene la autoestima en las mujeres? ¿Cómo se combina con los roles y con las solicitudes externas? ¿Qué nos protege?

Intentemos responder a estas preguntas con la ayuda de Psicólogo Te Motivan

La autoestima: ¿personal o social?

El primer aspecto a considerar, en mi opinión, se refiere a una aclaración sobre la naturaleza de la autoestima. Si lo consideramos como la idea que tenemos de nosotros mismos y la amabilidad que creemos que poseemos, a primera vista podríamos pensar que es un constructo de naturaleza personal o incluso solipsista[1]. En realidad, la autoestima nace y se alimenta de relaciones personales.

La mujer, pero también el hombre, nace en un círculo familiar que acoge y nutre algunas características: es desde la primera relación con las figuras más importantes de la infancia que comenzamos a comprender cuánto valoramos, pero también cuándo. La cuestión de los roles y la adhesión a ellos significa que un niño se siente más o menos apreciado, apreciable en el cumplimiento de las expectativas que tal vez los padres tienen en su ser femenino.

Esta referencia externa no se logra en la infancia, pero no hace más que enriquecerse durante el crecimiento. Cuanto más maduramos, mayores son los contactos sociales y las referencias externas se vuelven múltiples y diferenciadas; nosotros hablamos de la autoestima como un caleidoscopio que nos recuerda una imagen múltiple, siempre en constante evolución para ser verificada en la relación con el medio ambiente.

Las mujeres y la relación.

Este aspecto social en la autoestima femenina adquiere una doble importancia porque es en la proximidad a los demás que las mujeres a menudo basan su imagen de sí mismas. Esta misma necesidad de entrar en relación nos lleva a considerar aquellos elementos invisibles, como las emociones, que parecen ser más descuidados por los hombres.

A partir de esta consideración, se deduce que la autoestima en las mujeres se basa en un camino relacional que es más lento que el basado en la autonomía más típicamente masculina y que también conduce a un proceso de individuación que cumple múltiples etapas y que culturalmente se asocia con la imagen de una persona socialmente poderosa.

Mujer, autoestima y amor.

Esta visión me lleva a hacer algunas consideraciones sobre cómo la autoestima se entrelaza en las relaciones de amor. A menudo hablamos sobre cómo las mujeres atrapadas en relaciones malsanas de dependencia emocional tienen una baja autoestima que las lleva a vincularse excesivamente, pero ¿cómo se combina esta verdad con una visión de la autoestima femenina basada en la relación?

En primer lugar, pensar en este enlace no debería llevarnos a creer que es solo uno de los vínculos fundadores; El segundo aspecto a considerar es que la relación antes mencionada es bidireccional.

Ponerse en contacto con alguien debe devolvernos algo, una satisfacción, un enriquecimiento o una buena imagen de nosotras, solo así la autoestima se nutrirá de la relación. Esto lleva a una mayor conciencia individual y, por lo tanto, a la posibilidad de participar en la relación como un persona autónoma y no como una advertencia. La autoestima en las mujeres pasa por las relaciones, pero no termina en ellas, sino que las trasciende para valorar al individuo.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

[1] Solipsismo, del latín “[ego] solus ipse” (traducible de forma aproximada como “solamente yo existo”), es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede, por un lado, no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo. Por otro lado, todo lo que un individuo supone que está a su alrededor puede que (para él) de verdad exista, pero todas las personas, excepto él, pueden no tener una conciencia ni/o alma y estar controladas por Dios o una deidad.

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