Creencias limitantes

Las creencias son las actitudes subjetivas de aquellos que reconocen una proposición o noción como verdaderas. Las creencias que profesamos y que nos acompañan en la vida se convierten para nosotros en certezas de las que es difícil separarnos y que nos llevan a comportamientos en la vida cotidiana.

Las creencias se transforman en “profecías” que se hacen realidad al modelar el estilo de una persona. Dan seguridad y un sentido de estabilidad a la vida, y para ellos siempre han tratado de encontrar confirmación en los demás, en los eventos, en las discusiones y en los estudios.

Dependiendo del tipo de creencias que una persona o un pueblo posea, puede cambiar la existencia; Hacen la diferencia entre una vida feliz llena de perspectivas enriquecedoras y otra vida desarmada o destructiva. Cambiar una creencia es más desafiante que cambiar una opinión y, para que esto suceda, necesitamos reemplazar las referencias de apoyo que tiene.

 El apoyo para cada creencia está formado por:

– referencias externas (lo que otros nos han dicho, las costumbres y costumbres de un grupo);

– Referencias personales (experiencias vividas, como nosotros mismos percibimos y pedimos);

– Referencias imaginarias, virtuales que hacen realidad los efectos de ellas.

Mientras más referencias de apoyo haya, más profundamente arraigada está la creencia.

Tipo de creencias limitantes-potenciadoras: creencias limitantes-potenciadoras

Creencias colectivas. Pertenecen a la mayoría abrumadora de personas en una cultura o contexto histórico. Son generalizaciones relativas a diversas áreas de la vida, costumbres, ideas y pueden influir en gran medida en el curso de una cultura, así como en la vida de una persona.

Creencias personales. Otra área de la vida humana incluye las creencias acerca de la identidad, percepción / reputación de uno en relación con uno mismo, el valor propio. Estas creencias se manifiestan con las frases: “Soy …, he terminado …”.

Las creencias como reglas. Estas son las reglas que, aunque en silencio, aprovechan la vida y nos separan de la existencia, especialmente cuando estas reglas son rígidas e insustituibles.

– Si levantas mi voz, entonces significa que no me respetas;

– Si me dices mentiras, significa que no me amas;

– Si olvidas mi cumpleaños, significa …

Estas reglas, asumidas como creencias que fundamentan nuestra identidad y nuestro comportamiento, pueden contrastar con las de otros y ser una fuente de disputas, malentendidos y luchas incesantes. Cuando lees anécdotas en las revistas sobre el asesinato para salvar el honor personal, para contrarrestar el comportamiento de la cultura de pertenencia, para defender su religión, nos enfrentamos a personas, rígidamente ancladas a sus verdades / creencias, a eso. apuntar a olvidar el principio básico de toda convivencia humana de respeto y protección de la propia personalidad y la de los demás.

Limitando

Martin Seligman, en su libro “Aprendizaje de optimismo”, estigmatiza la actitud mental de las personas que cultivan el sentido de impotencia y de incapacidad ante situaciones difíciles. Esta actitud hace que cada esfuerzo y cada intento se perciban como inútiles y no concluyentes. Las tres categorías nucleares son:

Permanencia: la creencia / creencia de que “siempre será así”, que habiendo tenido un fracaso, cosechará permanentemente otros fracasos. Las frases clásicas de esta actitud son: “No encontraré a otra chica como ella; es inútil hablar, mucho nunca cambiará; siempre me pasa “. En cada oración siempre hay un adverbio que indica permanencia y rigidez perceptiva.

La omnipresencia: la tendencia a generalizar y transferir una negatividad de un sector a otro de nuestra vida. Así que la queja de la tendencia desfavorable en el comercio puede ser transferida a la salud o las relaciones humanas, pensando que la vida es un desastre.

Personalidad: la tendencia a personalizar y no contextualizar eventos. Si el estudiante no aprueba el examen, se le puede inducir a percibirse como “incapaz”, no a ese tema en lugar de cambiar el tamaño y contextualizar el fallo momentáneo, atribuyéndolo a la pregunta difícil, al nerviosismo del profesor, a la noche de insomnio que tenía antes de la presentación.

Las creencias limitantes y debilitantes reducen la existencia al hacernos vivir como plantas enanas. Tales creencias pueden ser instaladas en nuestra mente después de una desventura o como un estilo de vida personal. Las oraciones que indican su presencia son: “Es mejor no confiar en nadie; todas las mujeres son ligeras; Todos los hombres somos estúpidos, vivimos en un valle de lágrimas; si los otros no han tenido éxito, usted tampoco tendrá éxito; es imposible … “.

Creencias limitadoras: cómo cambiar las creencias limitadoras

Para cambiar una creencia limitante que te bloquea y te impide evolucionar:

Combine el dolor con la vieja creencia preguntándose: “¿Cuánto me costará emocionalmente no abandonar esta creencia? ¿Cuánto podría hacerme daño? ¿Qué efecto tendrá en aquellos que me son queridos, no abandonar la creencia? “.

Crea dudas sobre la validez de la creencia, eliminando los apoyos que hasta ahora la apoyaban.

Elija una nueva creencia empoderadora que reemplace a la anterior, ya que el cerebro necesita creer en algo que reemplaza una creencia previa y negativa.

Busque referencias colectivas o personales que apoyen la nueva creencia.

Combina placer y alegría con esta nueva creencia enriquecedora y enriquecedora.

A partir de estas sugerencias, puede obtener los beneficios para su vida, eliminando aquellas creencias antiguas y obsoletas que ya no corresponden a sus necesidades psicológicas y, además, podrá instalar otras más positivas para mejorar su crecimiento personal.

 

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

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