Viaje a la emoción del miedo. Casaleiz Psicólogo Málaga

Otra emoción fundamental con valor adaptativo es el miedo. Esta emoción advierte a la persona de un posible peligro para que pueda enfrentarlo o huir como reacción.

También fisiológicamente, el cuerpo asume una posición más alerta y atenta gracias al aumento de la frecuencia cardíaca, la respiración, la liberación de adrenalina, oxitocina (amor y miedo) y cortisol (estrés).

Hoy el problema relacionado con las experiencias de miedo se refiere a cuando estos se manifiestan de forma aparentemente descontextualizada, exagerada o sin una razón lógica: por ejemplo lo que ocurre en las fobias.

Aquí, en estos casos, el miedo ya no es un recurso adaptativo amistoso, sino que se vuelve disfuncional. Un verdadero obstáculo para nuestras oportunidades de vida en el mundo al afectar todas las áreas de nuestra vida, desde las relaciones hasta el trabajo.

Además del escape / ataque, existen otras modalidades relacionadas con el miedo en la naturaleza:

  • congelación (inmovilidad física mientras piensa en una estrategia para salvarse del peligro)
  • fingir estar muerto.

En el mundo actual, los equivalentes de estas dos modalidades se pueden encontrar en las vivencias de eventos traumáticos (abuso, violencia, guerras).

El miedo suele estar relacionado con un peligro real y se diferencia de la ansiedad en que esta última está vinculada a pronósticos negativos sobre eventos importantes o experimentados como peligrosos (por ejemplo, realizar un examen en la Universidad).

Del miedo a la fobia

El miedo se convierte en fobia cuando existe un miedo exagerado a un evento que en realidad no representa un peligro real. Por ejemplo, la melisofobia o el miedo a las abejas no representa un peligro real si no eres alérgico y si hay una sola abeja, ¡pero ciertamente la situación cambia si eres alérgico y si terminas dentro de una colmena!

El factor discriminatorio entre miedo y fobia radica precisamente en esto: la evitación de lo que asusta hasta el punto de limitar la vida sin que exista un peligro real.

Hay muchas fobias y miedos desproporcionados y desmotivados y para superarlos es importante hablar de ellos con un psicólogo . Sobre todo porque, en algunos casos, esconden correlaciones con hechos traumáticos pasados ​​y en otras situaciones reemplazan otras ansiedades con raíces mucho más profundas.

Sin embargo, no olvidemos que una cierta cantidad de miedo en la vida cotidiana es saludable y podemos aceptarlo para convertirlo en un recurso amigable.

Si necesita ayuda, no dude en ponerse en contacto conmigo.

 

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Las uvas estaban agrias. Disonancia Cognitiva.

Todos conocemos el conocido cuento de Fedro, La zorra y las uvas. La zorra, habiendo intentado en vano llegar a la uva, demasiado alta para ella, se fue exclamando «bueno, los racimos aún no están maduros, no quiero cogerlos verdes».

Hace dos mil años, Fedro con su fábula había pintado un proceso psicológico muy común, estudiado científicamente en 1957 por el psicólogo social Leon Festinger. Este proceso, llamado disonancia cognitiva, se refiere a la situación incómoda que sentimos cuando nuestras creencias u opiniones están en conflicto entre sí. Festinger propuso una teoría según la cual intentamos constantemente lograr nuestra propia consistencia interna. En otras palabras, necesitamos que nuestros pensamientos y comportamientos estén en armonía unos con otros.

La falta de armonía que generan las creencias en conflicto nos provoca, de hecho, un malestar que de alguna manera debe resolverse. Pongamos un ejemplo. Una persona cree firmemente en el hecho de que hay que ser responsable con el medio ambiente. Compra un automóvil, pero solo más tarde se da cuenta de que no respeta plenamente los cánones de la eco-sostenibilidad. Este estado de cosas le creará un conflicto, ya que por un lado siempre ha creído en los valores del ecologismo, por otro, conduce un coche no ecológico.

Esta disonancia cognitiva se puede resolver de varias formas, por ejemplo:

  • vendiendo el coche y luego comprando otro más ecológico;
  • reducir el énfasis de sus puntos de vista sobre la responsabilidad ambiental;
  • Intente cambiar los hábitos, por ejemplo, utilizando más la bicicleta o el transporte público, reduciendo así el impacto medioambiental derivado de conducir su coche no ecológico.

En el primer caso, la disonancia cognitiva se resolverá actuando sobre el entorno, en el segundo actuando sobre las propias creencias, en el tercero actuando sobre la propia conducta. Otro ejemplo de disonancia cognitiva se refiere a los fumadores. Quienes fuman al mismo tiempo saben que es una actividad nociva para la salud. Siempre que compran su paquete de cigarrillos, el fumador no puede evitar leer «fumar mata». Sin embargo, esta información no impresiona fácilmente al fumador. La razón es que resuelve la disonancia adquiriendo nueva información en su sistema de creencias que le ayudará a calmar el malestar, restaurando un sentido de relativa armonía dentro de sí mismo.

Por ejemplo, el fumador puede creer que:

  • el daño de fumar aún no se ha probado realmente;
  • fumar no hace más daño que otros factores, como la contaminación;
  • al dejar de fumar, aumenta de peso, que es igualmente perjudicial para su salud; …

…y así. En todos estos casos, se centrará en otras creencias que contrarrestarán el hecho de que fumar es malo para usted, reduciendo la incomodidad y la disonancia. El conocimiento de este proceso es muy importante y explica, por ejemplo, por qué no tiene ningún efecto intentar convencer a una niña anoréxica de que su dieta está arruinando su salud. Encontrarás miles de explicaciones para creer que estás haciendo lo correcto. Para fomentar el cambio, no basta con proporcionar nueva información. Necesitamos impulsar un cambio emocional, más global y profundo.

 

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Nuestro mundo interno es psicológico y no lógico. Casaleiz Psicología 644 299 079

Decir que ser humano no resulta fácil puede parecer un poco simple. Tenemos que hacer frente a todos los desafíos que nos encontramos a lo largo de nuestra vida.

Lo que si parece extraño es que en este mundo tan desarrollado, al menos en parte, donde tenemos todo lo que necesitamos; alimento ,agua, seguridad, ropa, estímulos sociales

cada vez nos encontramos menos satisfechos con nosotros mismos.

Todo esto hace que nos sintamos más patéticos por nuestra condición humana, ¿Cómo es posible que las misma personas que lo poseen todo, en términos relativos, se preocupen

tanto por el futuro, se cuestionen constantemente los fallos del pasado o se sientan abrumados por sus temores y dudas personales?

La respuesta a todo esto es simple: las mismas capacidades que nos llevan al éxito nos conducen también a nuestras luchas internas( Russ Harris,2020)

Mundo interno y externo

La mente humana es un órgano de solución de problemas, detecta peligros, analiza situaciones, predice resultados y sugiere vías de actuación.

  • Si no me gusta el color de las paredes puedo cambiarlo,
  • Si no me va bien en el trabajo puedo intentar cambiar,
  • Si me encuentro un filete de carne en mal estado en mi nevera, lo cojo y lo tiro a la basura.

Todo esto en el mundo exterior funciona de maravilla ,pero cuando estas capacidades lógicas se ponen en funcionamiento en el mundo interior, la vida humana se convierte en un

problema a resolver, más que en un «proceso a vivir». Comienzas a caer en la trampa. Tu vida queda en suspenso y comienzas a librar tu guerra interior. La razón que esto sea así

es muy sencilla: Nuestro mundo interno* no es «lógico» es «psicológico».

Para ello, la Terapia de Aceptación y Compromiso te acerca a lo valioso , a lo que realmente es importante en tu vida. Sin tener que renunciar a vivir.

Si quieres saber cómo, sólo tienes que contactarme a consulta@casaleizpsicologo.es y al 644 299 079

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Bibliografía: Cuestión de confianza(Harris, R.2020)

 

  • Mundo interno. Mundo de las emociones, pensamientos, sentimientos. El mundo de los eventos privados.

Relaciones 2.0: entre la búsqueda y el escape de los lazos emocionales

«… Afirman que su deseo, propósito, sueño o pasión es» establecer relaciones «pero, de hecho, tal vez no les interese principalmente cómo evitar que sus relaciones se condensen y coagulen». Esta cita de «Liquid Love» de Bauman introduce una serie de reflexiones que serán el tema de esta contribución.
Un fenómeno psicológico y social, muy evidente hoy en día, que podría identificarse en la búsqueda espasmódica de una relación. Esta relación se fantasea como la «solución» que puede satisfacer los diferentes deseos de la persona y que de alguna manera completa el cuadro de vida, conformado por objetivos y tareas sociales a los que todos deben responder diariamente. Las relaciones, sin embargo, se encuentran en un nuevo contexto de transformación, en el que entran en juego cada vez más los métodos virtuales de comunicación y encuentro entre sí.

¿Cómo han cambiado los lazos con el tiempo?

El uso de las redes sociales permite a las personas conectarse entre sí sin crear vínculos duraderos, ya que todos parecen caracterizarse por una cierta inestabilidad. Esto último refleja la inestabilidad emocional y psicológica de las personas, que por un lado buscan la cercanía y el contacto «real» con el otro, por otro lado, se asustan por el compromiso y la necesidad de elegir entre las diferentes alternativas. Una vez que se toma una decisión para establecer un vínculo de amor, la posibilidad de vivir otras relaciones se excluye automáticamente.
Erich Fromm, en su obra «El arte de amar», explica que «la satisfacción en el amor individual no se puede lograr sin la capacidad de amar al prójimo con humildad, fe y coraje», pero esto es bastante difícil. en «una cultura en la que estas cualidades son raras, la adquisición de la capacidad de amar está condenada a seguir siendo un éxito excepcional». El amor, por tanto, según esta lectura, expondría al riesgo, a la fragilidad ya la necesidad de valentía, ya que elegir amar significaría en cierto sentido «dar un salto en la oscuridad».

Parecería que en la sociedad actual la lógica del consumismo, del deseo ilimitado de poseer, son aspectos que caracterizan no solo la realidad material sino, en ocasiones, también la afectiva.

En realidad, el deseo requiere tratamientos prolongados, la posibilidad de comprometer, a veces incluso de una forma dolorosa, requiere, además, posponer su satisfacción. Esta característica choca con una realidad a menudo caracterizada por la velocidad y la aceleración, en la que se prefiere la gratificación inmediata y el escape de las emociones negativas, visto como una carga para ser liberado rápidamente.
Las redes sociales, así como las formas de comunicación presentes en la actualidad, permiten precisamente esta rapidez en las relaciones humanas y la presencia constante del otro, con quien se puede «contactar» en cualquier momento a voluntad y para satisfacer sus necesidades. Esta «proximidad virtual» ha ido sustituyendo paulatinamente al compromiso real en la relación, lo que produce una mayor presión y constancia en el enfrentamiento cara a cara.
Suele suceder que para terminar una conversación o incluso un vínculo emocional, basta con pulsar un botón, cancelar y cerrar los contactos sin ninguna implicación, casi asépticamente.
Esta posibilidad permite a las personas autoexcluirse y protegerse del impacto negativo de sus elecciones y sus consecuencias, separándose emocionalmente y reingresando a la velocidad del rayo en otra «charla», en otra dimensión interpersonal que prefigura un mecanismo bulímico, en que, sin embargo, termina teniendo el mismo «sabor».

¿Cuáles son las repercusiones de estas experiencias interpersonales en la psique de la persona?

En la nueva sociedad contemporánea surge la necesidad de una escucha profunda y competente, de personas capaces de reconocer las potencialidades internas de cada uno.
Las relaciones sociales tienen un profundo significado psicológico personal: así como el individuo influye en el mundo externo en el que vive, el entorno influye en nuestro mundo interno a través de un intercambio profundo, donde la relación adquiere un valor inestimable. La capacidad de entablar una relación con el otro se puede definir como una habilidad indispensable para enfrentar nuevos contextos caracterizados por desafíos e inseguridades sociales cada vez mayores.

Los aspectos relacionales están estrictamente interconectados con el bienestar psicológico según lo declarado por varios estudios en los últimos años. De hecho, es más probable que las personas se sientan positivas cuando están en compañía (Berscheid & Reis, 1998) y la sensación de bienestar aumenta cuando se experimenta cierto grado de cercanía e intimidad con las personas (Diener, 1984). Además, la percepción de poder recibir apoyo social de la red que rodea a cada uno está vinculada a una mayor posibilidad de experimentar emociones positivas (Kawachi y Berkman, 2001).

Por el contrario, las personas tienden a experimentar emociones negativas cuando están solas (Diener, 1984) y los estudios han demostrado que la ausencia de contactos significativos podría inducir sentimientos de soledad, conduciendo a la depresión en los casos más graves . Finalmente, los lazos emocionales también contribuirían al bienestar de las personas, en la comparación entre personas solteras y personas que viven en una relación satisfactoria (Easterline, 2003),
Más allá de estos datos, siempre es necesario enfatizar las vivencias subjetivas de la persona y la posibilidad de crear el propio equilibrio. De hecho, muchos factores convergen en la creación de bienestar psicológico, entre ellos el cuidado de los aspectos relacionales que difieren en el sentimiento de cada persona en función de las vivencias personales y sus características.
En este sentido, la escucha y la empatía pueden ser dos habilidades de gran utilidad que se deben «entrenar» constantemente en todos los contextos, para hacerlas cada vez más efectivas y enriquecidas de significado.

 

Carlos Casaleiz

Psicólogo

Las malas caras en pareja. 644 299 079

Uno de los comportamientos más absurdos y al mismo tiempo trágicos que ocurre dentro de la pareja son las malas caras. Por lo general, sigue el ejemplo de los acontecimientos cotidianos, de importancia relativa, como una distracción (ella tiene un vestido nuevo y él no se da cuenta); una falta de atención hecha sin mala fe (él y ella van juntos a una cena con amigos y durante la noche dirige su atención a los demás y no a su pareja).

En resumen, todas esas ocasiones en las que sentimos que tenemos derecho a sentirnos ofendidos.

En este punto, esperaríamos una buena y fuerte discusión. Una pelea. Y en cambio: nada. Lo que sigue a la ofensa sufrida es el silencio total. ¡La guerra fría dentro de las paredes de la casa!

Y es un silencio defendido enérgicamente y hacia el cual incluso preguntas como: «¿Ha sucedido algo? ¿Hay algo mal?» obtienen la misma respuesta habitual: «¡Nada!».

Las malas caras

Esta actitud (las malas caras, de hecho) sigue una decepción probada hacia la pareja y se basa en la obstinación de no explicar las razones. ¿Por qué? Por la creencia compartida por la mayoría de la gente de que: «Amar a una persona significa entenderlo sin tener que explicarlo todo».

¿Pero es una creencia realista? Obviamente no.
Sin embargo,es lo primero que aprendemos cuando llegamos al mundo.

En ese momento de nuestra vida hay alguien que nos cuida, nos cuida sin necesidad,nosotros bebé, de expresar  claramente nuestras necesidades. Así, se forma en nosotros la creencia de que el otro nos entiende como si nos estuviera leyendo en el pensamiento.

Cuando nos convertimos en adultos, tenemos la convicción de que el ser querido debe entendernos precisamente al leernos en pensamiento; que la pregunta: «¿pasa algo malo?» ¡Es superfluo porque nuestro compañero debe saber lo que está mal!

Aún así, podría objetarse, especialmente al comienzo de la relación, realmente nos parece que el ser querido nos comprende sin pronunciar una palabra; existe tal armonía que es suficiente mirarnos a los ojos para entenderse. En realidad, lo que sucede, especialmente al comienzo de cada historia o en situaciones especiales y particulares, es una especie de ilusión y autoconfianza de que este es el caso. Porque, como buenos románticos, nos gusta cultivar la idea de que: «Amar a una persona significa comprenderlo sin tener que explicarlo todo».

Los adultos, por otro lado, son extremadamente complejos. Fingir que alguien nos comprende sin necesidad de explicación es equivalente a fingir que alguien comprende el mecanismo de la fisión nuclear simplemente mirando una planta de energía desde el exterior.

¿Qué podemos hacer?

Por un lado, el compañero malhumorado debe entrar en la perspectiva de explicarle al otro lo que siente y piensa. utilice la expresión: «Enseñe al otro lo que somos».

Por otro lado, aquellos que tienen malas caras deben tener en cuenta que la pareja no permanece en silencio por una forma de hostilidad hacia él sino, simplemente, por temor a no ser entendido por él.

Ambos, por lo tanto, deben tomarse la molestia y el tiempo para explicar al otro quiénes son, en su propia y evidente extrañeza, complejidad y, ¿por qué no? – Locura.

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Crisis en pareja y terapia psicológica. 644 299 079

Como sucede con cualquier tipo de agregación social, la pareja nace, crece (y a veces «muere») en un ciclo evolutivo que, dependiendo de la pareja en juego, puede avanzar rápidamente (raramente) o encontrar obstáculos y bloqueos.

El encuentro entre los dos miembros de la pareja conduce al nacimiento de una relación sentimental que puede seguir un camino lineal o tortuoso y que, en muchos casos, conduce a la formación de una familia.

Desde un punto de vista psicológico, la pareja y la familia son conceptos complejos. Mientras tanto, el matrimonio no es (o ya no es) la condición necesaria para dar una estructura psicológica a la familia. En cambio, adquiere un papel secundario con respecto al sentido de pertenencia y el intercambio de un proyecto de vida común.

Además, la formación de una pareja desde un punto de vista cultural adquiere significados, valores y expectativas que involucran no solo a las parejas sino también a las familias de origen, amigos y varios familiares. De hecho, uno de los problemas que frecuentemente genera conflictos en la pareja es la relación con sus respectivas familias de origen. Los suegros y los cónyuges demasiado intrusivos, incluso los hijos, la incapacidad de dividirse y definir su papel dentro de la nueva familia, son problemas críticos que conducen a roturas, a veces, incurables.

Tareas de la pareja


Una de las primeras tareas de los miembros es precisamente la de «pensar en uno mismo como pareja» y actuar en consecuencia, es decir:

– necesita separarse de la familia de origen, lo que no significa romper relaciones y lazos emocionales, sino delimitar una nueva frontera donde la nueva familia tendrá sus propias reglas, necesidades, planes y donde la familia de origen tendrá que aprender a respetar los espacios y la autonomía de la nueva familia formada;

– el compañero/a debe ser el único interlocutor para cualquier discusión sobre las reglas de la pareja y solo con ella será necesario negociar y definir estas reglas. Será importante, por lo tanto, mantener fuera de estas discusiones a aquellas familias de origen que deseen intervenir sobre los méritos y proporcionar consejos e indicaciones sobre cómo relacionarse con la otra pareja y tendrá que resistir la tentación (o hábito) de buscar el apoyo de los miembros de su familia en discusiones, incluso acaloradas, con su pareja;

– Es importante aceptar a la pareja como algo distinto de uno mismo: uno a menudo supone que uno quiere cambiar al otro o espera que el otro cambie de acuerdo con las expectativas de uno. Esto no significa que dentro de una relación de pareja sana y adecuada uno no pueda madurar y cambiar, pero ciertamente debe abandonar la idea completamente irracional de que: «Si él / ella realmente me amara, cambiaría para mí»; o: «¡Gracias a mi amor cambiará!».

– es necesario aprender métodos de comunicación correctos: los conflictos a menudo permanecen vivos y continuos debido a mecanismos de comunicación disfuncionales y agresivos. Es el caso de ese compañero que, para hacer que el otro se sienta culpable, se enfurruña durante días; o que, enfadado, usa tonos agresivos, insultos y sarcasmo; o, finalmente, eso no expresa clara y explícitamente sus solicitudes pensando y pretendiendo que: «¡Él / ella debe hacerlo espontáneamente de lo contrario si le pregunto que no tendría el mismo valor!»

Los problemas anteriores son comunes a todas las parejas: cuando la crisis se apodera de una pareja, todas las áreas de la vida en común se convierten en el pretexto para librar una guerra: opciones económicas, relaciones sexuales, crecimiento y educación de los niños, trabajo y elección del destino para las vacaciones. Las peleas. luego, se convierten en la manera de golpear al otro y lastimarlo. Los fenómenos de escalada se activan de modo que cada golpe (acción) del compañero corresponderá a otra (reacción) destinada a causar aún más daño. Los conflictos se radicalizan y la crisis se vuelve crónica: meses y, a veces, años de enfrentamientos vehementes terminan afectando la capacidad de la pareja para crecer y superar las dificultades.

¿Qué hacer?


En todas estas situaciones, lo que a menudo es insuperable es la fuerte resistencia de los miembros de la pareja a admitir sus responsabilidades y asumir la carga del cambio de primera mano. Por lo tanto, es útil responder algunas preguntas destinadas a cuestionar el modelo de culpa (es su culpa porque …):
– ¿Le estoy pidiendo que cambie su forma de ser?
– Si lo estoy haciendo, ¿qué estoy dispuesto a cambiar?
– ¿Lo estoy acusando / culpando?
– Si lo estoy haciendo, ¿estoy dispuesto a asumir la responsabilidad de haber contribuido, por mi parte, a esta situación?
¿Estamos dispuestos a estar uno al lado del otro para resolver problemas o queremos seguir enfrentándonos para mostrar quién tiene la razón?

¿Cómo resolver conflictos?

 

Cada relación de pareja necesita encontrar su propio equilibrio. Desde este punto de vista, el conflicto une todas las relaciones humanas y en sí mismo no es negativo ni peligroso. Si se aborda y maneja bien, representa un momento de crisis que puede ayudar a los miembros de la pareja a una mejor comprensión mutua y, por lo tanto, a la aceptación del otro.

Cuando esto no sucede y la pareja continúa culpándose mutuamente y se insultan mutuamente, es esencial contactar a un psicólogo para una consulta de pareja donde puedan aprender a resolver conflictos de manera constructiva. El asesoramiento en pareja (o terapia de pareja) se convierte así en ese contexto protegido donde puede observar cosas con diferentes ojos y puede cuestionar su visión de los problemas.

El objetivo será entonces asumir la responsabilidad de cambiar las cosas definiendo problemas juntos y, juntos, enfrentándolos y resolviéndolos.

 

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