¿Te gustaría cambiar de vida?

Con mucha frecuencia, se observa a las personas que viven en condiciones de incomodidad y que piensan que la solución a sus problemas puede ser hacer un cambio radical en sus vidas, por ejemplo, cambiando de trabajo, ciudad, hogar, etc. Por ejemplo, una persona que está incómoda en el lugar de trabajo debido a conflictos con colegas y superiores podría pensar que lo mejor es cambiar de compañía.

La elección de abandonar ciertos contextos y buscar otros nuevos no parece ser tan raro en caso de dificultades y problemas de diversos tipos. Muchas personas lo hacen y muchas personas querrían hacerlo, pero luego se rinden por razones económicas u organizativas. Sin embargo, el intento de “cambiar la vida” ante los problemas no siempre es la mejor estrategia por una variedad de razones.

En primer lugar, en algunos casos existe el riesgo de no resolver el problema de una manera definitiva porque no se debe excluir que ciertas circunstancias desagradables también pueden ocurrir nuevamente en otros contextos y áreas. Si cambia de trabajo porque se siente mal con sus colegas, ¿quién le asegura que esto no sucederá en otro trabajo? Si cambia de casa porque no puede soportar a sus vecinos, ¿quién le dice que la situación será mejor en otros lugares? Si cambias de ciudad porque estás en un estado de depresión, pasividad y aislamiento, ¿tienes la certeza de que todo este malestar pasará cuando te encuentres en una ciudad diferente?

Obviamente, esto no significa que la elección de cambiar la vida siempre sea incorrecta y no sea efectiva, sino que debe ser ponderada adecuadamente. Algunos elementos sobre los que es importante empezar a reflexionar son los siguientes:

¿Cuál es la probabilidad de que los problemas que tiene en este momento se puedan resolver cambiando su vida?

¿Existe, por otra parte, la posibilidad de que permanezcan o que vuelvan a aparecer después de un tiempo?

¿Has tratado de resolver el problema en la situación actual sin cambiar tu vida?

¿Crees que valdría la pena hacer intentos en esta dirección?

Si piensa que cambiar su vida es lo mejor que puede hacer, ¿ha considerado cuáles podrían ser las desventajas de esta elección? Generalmente, cada decisión tiene ventajas y desventajas y cada cambio importante, incluso el más positivo, es potencialmente muy estresante. ¿Has reflexionado sobre estos aspectos y cómo gestionarlos?
Decidir cambiar tu vida cuando tienes problemas puede ser arriesgado porque en estos momentos, a menudo, las personas se encuentran en un estado de gran confusión y esto puede hacer que tomen decisiones apresuradas y completamente inapropiadas. Por lo tanto, no es posible excluir la posibilidad de que uno pueda lamentar la decisión tomada en el futuro y no siempre es tan fácil regresar.

Finalmente, abandonar una situación difícil a menudo equivale a un escape real y cuando huyes constantemente, gradualmente te vuelves incapaz de enfrentar las situaciones complejas y estresantes que siempre surgirán en la vida y es importante saber cómo manejarlas.

Esto no significa que siempre sea incorrecto abandonar ciertas situaciones, pero es importante entender si el abandono se deriva de una elección consciente o de un escape que podría evitarse. Una cosa es abandonar un contexto porque nos hemos dado cuenta de que no es lo que queremos, y otra es abandonarlo porque no somos capaces de manejarlo y enfrentarlo, incluso si lo queremos.

En resumen, a veces puede ser apropiado cambiar tu vida, otras veces, sin embargo, necesitas cambiarte para poder disfrutar mejor la vida que deseas.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

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LA AUTOESTIMA DE LAS MUJERES

La autoestima es un elemento fundamental de la salud psicológica y psicofísica de una persona. ¿Hay diferencias de género y cuáles deberían ser?

La autoestima! Hermosa palabra, pero un objetivo no siempre es fácil de alcanzar. Es uno de esos términos psicológicos muy utilizados, a veces abusados, que pierden su consistencia y significado real en las conversaciones diarias.

Sin embargo, una buena autoestima es un elemento fundamental para vivir bien con una misma, para poder amar incluso si no es perfecto (una condición que en realidad no le gusta en nuestra sociedad) y, sobre todo, para mejorar con el tiempo y respetar nuestros ritmos y características personales.

Es una construcción psicológica que funciona en cada una de nosotras, pero cuya funcionalidad puede variar según algunas características.

¿Qué especificidad tiene la autoestima en las mujeres? ¿Cómo se combina con los roles y con las solicitudes externas? ¿Qué nos protege?

Intentemos responder a estas preguntas con la ayuda de Psicólogo Te Motivan

La autoestima: ¿personal o social?

El primer aspecto a considerar, en mi opinión, se refiere a una aclaración sobre la naturaleza de la autoestima. Si lo consideramos como la idea que tenemos de nosotros mismos y la amabilidad que creemos que poseemos, a primera vista podríamos pensar que es un constructo de naturaleza personal o incluso solipsista[1]. En realidad, la autoestima nace y se alimenta de relaciones personales.

La mujer, pero también el hombre, nace en un círculo familiar que acoge y nutre algunas características: es desde la primera relación con las figuras más importantes de la infancia que comenzamos a comprender cuánto valoramos, pero también cuándo. La cuestión de los roles y la adhesión a ellos significa que un niño se siente más o menos apreciado, apreciable en el cumplimiento de las expectativas que tal vez los padres tienen en su ser femenino.

Esta referencia externa no se logra en la infancia, pero no hace más que enriquecerse durante el crecimiento. Cuanto más maduramos, mayores son los contactos sociales y las referencias externas se vuelven múltiples y diferenciadas; nosotros hablamos de la autoestima como un caleidoscopio que nos recuerda una imagen múltiple, siempre en constante evolución para ser verificada en la relación con el medio ambiente.

Las mujeres y la relación.

Este aspecto social en la autoestima femenina adquiere una doble importancia porque es en la proximidad a los demás que las mujeres a menudo basan su imagen de sí mismas. Esta misma necesidad de entrar en relación nos lleva a considerar aquellos elementos invisibles, como las emociones, que parecen ser más descuidados por los hombres.

A partir de esta consideración, se deduce que la autoestima en las mujeres se basa en un camino relacional que es más lento que el basado en la autonomía más típicamente masculina y que también conduce a un proceso de individuación que cumple múltiples etapas y que culturalmente se asocia con la imagen de una persona socialmente poderosa.

Mujer, autoestima y amor.

Esta visión me lleva a hacer algunas consideraciones sobre cómo la autoestima se entrelaza en las relaciones de amor. A menudo hablamos sobre cómo las mujeres atrapadas en relaciones malsanas de dependencia emocional tienen una baja autoestima que las lleva a vincularse excesivamente, pero ¿cómo se combina esta verdad con una visión de la autoestima femenina basada en la relación?

En primer lugar, pensar en este enlace no debería llevarnos a creer que es solo uno de los vínculos fundadores; El segundo aspecto a considerar es que la relación antes mencionada es bidireccional.

Ponerse en contacto con alguien debe devolvernos algo, una satisfacción, un enriquecimiento o una buena imagen de nosotras, solo así la autoestima se nutrirá de la relación. Esto lleva a una mayor conciencia individual y, por lo tanto, a la posibilidad de participar en la relación como un persona autónoma y no como una advertencia. La autoestima en las mujeres pasa por las relaciones, pero no termina en ellas, sino que las trasciende para valorar al individuo.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

[1] Solipsismo, del latín “[ego] solus ipse” (traducible de forma aproximada como “solamente yo existo”), es la creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente, y la realidad que aparentemente le rodea es incognoscible y puede, por un lado, no ser más que parte de los estados mentales del propio yo. De esta forma, todos los objetos, personas, etc., que uno experimenta serían meramente emanaciones de su mente y, por lo tanto, la única cosa de la que podría tener seguridad es de la existencia de sí mismo. Por otro lado, todo lo que un individuo supone que está a su alrededor puede que (para él) de verdad exista, pero todas las personas, excepto él, pueden no tener una conciencia ni/o alma y estar controladas por Dios o una deidad.

La fragilidad de la Autoestima ¿Qué puedo hacer?

Por autoestima nos referimos a la evaluación que cada persona hacemos de nosotras mismas. Dentro de esta evaluación encontramos: satisfacción para nosotros/as mismos/as, conciencia de nuestro valor y confianza en la capacidad para realizar una determinada tarea.

Cuando nos valoramos a nosotros/as mismos/as, no cuestionamos nuestra importancia y nuestras capacidades, no sentimos temores excesivos al emprender actividades nuevas y difíciles, tendemos a ser optimistas y confiados en poder aprovechar nuestros recursos. Las situaciones difíciles no se perciben como barreras, sino como desafíos estimulantes que generan energía y ganas de hacer.

Para aquellos/as con baja autoestima, la situación es opuesta. Cada pequeña prueba puede generar ansiedades y temores que llevan a escapar en lugar de un mayor compromiso. Las dudas sobre la capacidad de tener éxito afectan el rendimiento y disminuyen la motivación.

Este estado de tensión favorece un fracaso (causado por la falta de compromiso y actitud) que refuerza aún más las creencias de la persona al crear un círculo vicioso.

La autoestima obviamente no es un reflejo real de nuestras competencias, sino que solo concierne a las creencias que tenemos por nuestra cuenta, que luego influyen en la actitud general hacia la vida. En particular, la autoestima está estrechamente relacionada con la relación que construimos con los demás: solo si nos respetamos a nosotros mismos, a nuestras necesidades y a nuestros potenciales, podemos construir una relación constructiva con otras personas. Cuando la autoestima se lesiona, la relación con los demás también se ve profundamente afectada.

Aquí, entonces, en estos casos, proyectamos la falta de autoaceptación hacia el exterior, en una forma de temor a ser rechazados por los demás y sentimos desagrado, falta de reservas, no observados.

En las formas más extremas, la falta de autoaceptación se manifiesta en un sentimiento profundo y sutil: el deseo de “no ser visto”. No siempre podemos reconocer este aspecto en nosotros mismos: simplemente luchamos por salir de la casa, aceptar invitaciones, quedarnos con los demás. El deseo de no ser visto es la necesidad de esconderse del contacto con otros. Pero básicamente hablamos de un deseo que tiene raíces profundas y primitivas, simplemente pensamos en las metáforas ocultas detrás de algunos juegos de los niños como el “escondite” o los muchos cuentos donde el protagonista “se pierde”. Este instinto de esconderse se nutre del sentimiento de no poder, de no estar a la altura.

Los principales síntomas que ocurren cuando una persona tiene una autoestima “baja” son los siguientes:

Ansiedad crónica: se manifiesta cuando el individuo no tiene confianza en sus habilidades y, por lo tanto, vive un estado de ansiedad que aumenta cada vez más cuando se enfrenta a varias pruebas.

Autocrítica: la persona no se siente a la altura de las situaciones que lo rodean y muy a menudo tiende a estar obsesionada con el juicio de los demás. De esta manera, las elecciones de su vida están más condicionadas por la idea de complacer a los demás en lugar de perseguir sus propios deseos e inclinaciones.

Envidia hacia los demás: las personas que tienen baja autoestima tienden a envidiar a los demás por sus éxitos personales y personales (“¿por qué los demás lo hacen y no yo?”).

Síntomas físicos: a veces se pueden presentar manifestaciones físicas como taquicardia, temblores, tartamudeo, enrojecimiento y sudoración.

Por esta razón, es esencial encontrar las estrategias correctas para resolver / aliviar este problema y buscar un estado de mayor bienestar y calidad de vida.

El primer paso es aceptar nuestros propios fracasos y decepciones, pensando que estos son solo momentos temporales, cíclicos y, a menudo, normales en la vida y no un destino ineludible del que no podemos escapar. Este pasaje requiere un esfuerzo para salir de nuestros patrones mentales y la forma en que tenemos que dar sentido al mundo ya la vida.

El segundo paso es “aprender” a expresar el punto de vista, considerándolo legítimo y merecedor de ser expresado, incluso cuando no coincida con el de los demás. Un pasaje de este tipo trata sobre sentir, comprender y aceptar que “Yo también existo y que valgo como todos los demás”.

Finalmente, desde un punto de vista evolutivo, es necesario aclarar dentro de uno mismo/a, con respecto a aquellos que son nuestros propios deseos y objetivos: “¿Qué es lo que realmente quiero para mí? ¿Qué quiero lograr? “. Comenzar a comprender quiénes somos y lo que realmente queremos es un paso complejo, que pocos de nosotros estamos acostumbrados a hacer con conciencia, pero eso se convierte en un ejercicio de importancia fundamental, especialmente para aquellos/as que necesitan ver sus habilidades y su identidad expresada.

Este trabajo es ciertamente muy difícil, especialmente para aquellas personas que siempre han vivido este tipo de malestar interno y quizás han acumulado una serie de situaciones desagradables o “sin éxito”, en la vida personal o profesional, que determinan una historia de vida que a menudo es dolorosa.

Suponiendo que nunca sea demasiado tarde para volver al juego y cambiar, si no puede hacerlo tú mismo/a, el consejo es recurrir a un especialista que pueda acompañarnos en una reflexión más profunda, que nos permita sobre todo ver todos nuestros recursos ocultos para extraer; esos recursos que nunca nos dimos cuenta que teníamos: reconocerlos, mejorarlos y ponerlos en el campo, haciéndolos verdaderamente nuestros.

Psicólogo Te Motivan

Hilera 8, Málaga

Carlos Casaleiz

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Identidad digital o la era del postureo

 

Todo se deriva de una necesidad de comunicación, intercambio, reconocimiento que se activa fácilmente al “publicar”, “poner como” y “seguir” los contenidos que más nos afectan y captan nuestra atención. La nueva jerga creada por las redes sociales es hoy en día de uso común entre las diferentes generaciones. A veces puede faltar una expresión o un “dialecto”, pero incluso los adultos más resistentes eventualmente entienden el significado de “dar un me gusta a una página” o “compartir un tuit”.

Esta es una parte, una premisa parcial del fenómeno. Pero el dedo ahora está enfocado en aquellas personas que se expresan de manera coherente y correcta según el medio que utilicen. Formal y profesional en LinkedIn, juguetón y en ocasiones comprometido en Facebook, puntual y categórico en los grupos de WhatsApp, erótico e imaginativo en el chat de citas, y así sucesivamente.

¿Cuál es el riesgo real?

Si sentimos que tenemos demasiada confianza en solo uno de estos canales de comunicación, corremos el riesgo de disociar nuestros múltiples modos de expresión. Una división de los valores y las características de la personalidad del individuo puede llevar a una esquizofrenia cibernética de la persona que está en peligro de olvidar una parte de sí misma, de adormecer el sentido de ciertas emociones, especialmente las negativas, evitando y desaprendiendo así para enfrentarlas.

Lo que, por lo tanto, podría ser un recurso, que es gobernar las diversas herramientas para mejorar los diversos aspectos de la personalidad, se convertiría en una guillotina que podría eliminar situaciones de inquietud.

Incurrir en esta subdivisión de variables conduce a la alienación y la soledad. Ese es precisamente el motor de quienes, sintiéndose solos, buscan en línea intentar emociones y relaciones efectivas. Este movimiento, sin embargo, debe ser experimentado en la vida, porque no es saludable exponerse en la red de manera total y única.

Cuidar la identidad propia, debe ser el objetivo principal de cada individuo. Para poder otorgar, incluso a la imaginación, la posibilidad de vivir otras nuevas e innumerables vidas.

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

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Resistencia al cambio en psicoterapia.

 

La expectativa de resolver las dificultades psicológicas es una motivación muy fuerte para la psicoterapia. Sin embargo, la constancia necesaria para el cambio puede asustar al cliente y reducir su compromiso con el trabajo terapéutico. El deseo no coincide con tanta decisión, o el sufrimiento resultante de enfrentar el cambio se percibe como insostenible.

El camino terapéutico no es automático en su progresión y en el logro de los objetivos. Prevé progresiones, regresiones, dudas, revisiones. Esto es normal, porque el cambio psicológico implica no solo una conciencia racional, sino también una transformación profunda con un gasto de energía interna y externa, y unas implicaciones en primera persona. Aquellas personas que esperan que el terapeuta haga el cambio, en primera instancia, demuestran una fuerte resistencia y luego abandonan la terapia.

                             En psicoterapia, el terapeuta ayuda a los clientes a ayudarse a sí mismos.

La persona puede elegir la psicoterapia, empujada por una fuerte motivación y luego darse cuenta de que no tiene voluntad de cambiar. Esto puede ser la causa de la interrupción de la psicoterapia.

hay clientes que prefieren vivir con el sufrimiento psicológico habitual y tranquilizador, en lugar de tener que aventurarse en lo desconocido del proceso terapéutico.
 El miedo al cambio anula en las personas la voluntad de hacerlo.
Cambiar no es fácil e implica trabajo duro.
 El terapeuta no tiene la varita mágica para resolver sus problemas.

Otra causa de la resistencia al cambio es lo que se define como el miedo a perder los beneficios secundarios de la enfermedad.

Los estados emocionales disfuncionales no solo causan dificultades y sufrimiento, sino que también pueden proporcionar beneficios secundarios: por ejemplo, la disfunción emocional permite que el sujeto esté en el centro de la atención de los demás.

La manifestación estereotipada de ciertas emociones, incluso si son dolorosas, puede convertirse en un rasgo constante de la identidad, lo que permite a la persona reconocerse a sí misma y ser reconocida por otros: expresar su propio sentimiento de soledad o mostrarse como un niño abandonado, incapaz, sin ayuda, puede servir para atraer atención o simpatía; Ser una víctima, sentirse mal o estar enojado/a puede ser útil para no asumir responsabilidades, compromisos o adquirir poder. Hay clientes, con diferentes motivaciones, a menudo en conflicto, se oponen a una fuerte resistencia hasta la interrupción de la psicoterapia, porque no están dispuestos a renunciar a las ventajas secundarias derivadas de su condición de “enfermos/as”.

Psicólogo Te Motivan
Carlos Casaleiz
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Cómo salir del duelo con la Terapia Breve

La muerte es una parte extraña de la vida.



Todos sabemos que moriremos, y que antes de morir veremos a alguien morir cerca de nosotros. Y también sabemos, aunque no lo deseamos, que algunos morirán de forma inesperada, sorprendente e injustamente. Sin embargo, esto no nos prepara.

Estamos inmersos en la muerte. Solo mire las noticias, lea el periódico, incluso simplemente relájese (o al menos intente hacerlo) viendo una película. Solo incluso hablar con un amigo es suficiente. La muerte, tarde o temprano, salta. A pesar de esto, vivimos nuestras vidas bien.

Sin embargo, una vez más, esto no nos prepara cuando ella, puntual en el momento y el día señalados solo en su agenda, llama a la puerta de uno de nuestros seres queridos.

Todavía estamos aquí y, sin embargo, en cierto sentido, es como si ya no estuviéramos allí. Como si una parte de nosotros, estamos seguros, se hubiera ido. Nos ponemos la ropa de luto, las sentimos, como una manta, de gruesas y pesadas, que doblan los hombros hacia abajo, que empujan tu espalda y aumentan la gravedad de tu cuerpo, haciéndote sentir más pesado y más lento.

¿Cómo nos lo quitamos? ¿Queremos hacerlo, entonces?

Hoy intentamos ver una sugerencia simple para superar el luto, tomada de las técnicas de  Terapia Breve.

El luto es normal

En primer lugar, debemos recordar que el luto es normal. Este lo podemos definir como un “estado psicológico resultante de la pérdida de un objeto significativo, que ha sido una parte integral de la existencia”.

“Objeto” es una palabra terrible, lo sé, pero no quiere denigrar: en psicología, especialmente en psicoanálisis, se usa para definir la meta hacia la cual alcanzan nuestros afectos, pensamientos, etc. Entonces, podría ser una persona, por supuesto, pero también algo más. Hoy hablamos de luto por la pérdida de una persona, pero podemos llorar la pérdida de un trabajo, un lugar, una condición, etc.

Lo que quería enfatizar, sin embargo, es que el luto es normal. Lo necesitamos

Podemos tejer enlaces que van más allá de lo visible.

Tejemos enlaces con importantes “objetos”, incluidos nuestros seres queridos. Enlaces visibles, pero también invisibles. Puedo decir que él era “mi cónyuge”, o que ella era “mi hermana y amiga”, y estas cosas pueden ser entendidas, en un sentido también, por cualquiera.

Pero pocos, a veces no, pueden ver e incluso solo comprender esos hilos invisibles que los unían a usted y a la otra persona, de los cuales los dos estaban parcialmente conscientes, en parte tal vez ni siquiera a usted, sino a quién mantenía unido a su relación, incluso la alimentaba. Hasta que la muerte los ha cortado.

No sólo hemos perdido a la persona, perdimos algo más.

Las fases del luto.

No quiero profundizar, como habrás entendido, sino solo para dar una idea precisa: el luto es normal. Ante esta pérdida, es bastante normal sentirse mal, todo el mundo a su manera.

Por ejemplo, Kübler Ross describió las famosas cinco etapas del duelo:

    Negación: el momento inicial, en el que la única idea de que el otro ya no está allí parece absurda, como si nos dijeran que el cielo se ha vuelto verde.

    Ira: cuando la realidad se revela a nuestros ojos, cruda, y nosotros, conscientemente o no, abordamos nuestra experiencia de ira hacia afuera o hacia nosotros mismos.

    Asimilación: en la que empezamos a darnos cuenta de cómo son las cosas, lo que hemos perdido, comenzando a descubrir la amargura de lo sucedido.

    Depresión: en la que vivimos la plenitud del dolor, dándonos cuenta de que la persona realmente se ha alejado de nuestra vida, de la vida cotidiana, de todo lo que seguiremos viviendo.

Aceptación: en la que se completa el procesamiento, y finalmente logramos aceptar continuar viviendo y avanzando.

Nuevamente, sin desear profundizar cada fase, creo que muchas pueden reconocerse en estas fases, y tal vez descubran que están atrapadas en una de ellas.

Atrapado en el luto

Un duelo prolongado muestra diferentes síntomas y signos.

El hecho es que, incluso aquí, lo sabemos. Sabemos que estar de luto es normal. Sin embargo, a veces no es suficiente que lo sepamos. Y terminamos por bloquearnos, de hecho, en una de las fases anteriores.

Uno puede reaccionar al duelo como una herida que sangra, sangra, nunca cicatriza. El problema es precisamente este: que después de un dolor siempre hay una herida, y es normal y saludable; pero si dura demasiado, entonces tendremos problemas. Debido a que este sangrado interno se convierte en un terreno fértil para una larga lista de problemas, que incluyen:

Un sentido de angustia, o de verdadera ansiedad.

La ira, hacia la forma en que van las cosas, hacia otras personas más o menos involucradas, hacia nosotros mismos, como un auto-reproche.

Reacciones psicosomáticas de diferentes tipos (desde fatiga crónica hasta dolores corporales de diferentes tipos, hasta brotes y manifestaciones físicas evidentes).

Conductas de riesgo, que pueden abarcar desde el abuso de alcohol o sustancias hasta cualquier acción que nos ponga en peligro u otros.

Soledad y aislamiento, parcial (por ejemplo, no salgas más con amigos, sino que vayas a trabajar de todos modos, o viceversa), o total.

Es una lista incompleta, que solo quiere dar una idea de las posibles consecuencias de un duelo prolongado, de una herida no tratada.

De nuevo: estos problemas, durante un cierto período de tiempo, son una reacción normal y, en cierto sentido, también son deseados (como si ese sangrado provocara el dolor). Pero, si son prolongados, terminan haciéndonos soportar un peso demasiado pesado para nuestras piernas.

Cómo superar el luto.

Un psicólogo a menudo ayuda a “procesar el duelo”, a encontrar esas piezas faltantes, esas partes de sí mismos que parecen haberse escabullido, desprendidas de nosotros cuando la otra se ha ido para siempre, al menos físicamente.


¿Pero hay algo que podamos empezar a hacer solos?

En Terapia Breve hablamos de “luto”. Todos tenemos diferentes formas de lidiar con el dolor, y no puede haber una receta que se adapte a todos. Teniendo en cuenta esto, uno de los problemas que nos impide salir del duelo es no estorbar realmente. No importa si lloramos todos los días: hacerlo podría significar estar atrapado en la estepa de la “depresión”, en esa fase de luto donde todo está vacío y ausente, y donde el fantasma del otro camina a nuestro lado, presente pero inalcanzable.

Cómo enfrentar el luto.

Luego puedes hacer este pequeño ritual: todos los días, toma 15 minutos para “llorar”, que es una manera de “vivir el otro”. Tome sus fotos, sus objetos, y contémplelas. Tómese 15 minutos para usted, donde, con estos objetos, permítase experimentar lo que le recuerda, lo que lo hizo vivir: una galería personal de recuerdos que siempre lo acompañan.

 

Si lo desea, también puede, por la noche, tomar una hoja de papel y un bolígrafo y escribirle. Escríbalo todo: el dolor, pero también la rabia, incluso la rabia por haberse ido, y el placer nostálgico de los bellos momentos que pasamos juntos. Y luego firmar, cerrar, dejar a un lado, y no volver a leer. Un recuerdo entre recuerdos.

Conclusiones

El luto es una fase normal de la vida, pero esto no es fácil de aceptar. A menudo lo atravesamos, como las aguas de un río que cambian y siguen siendo las mismas. En otras ocasiones, todo se detiene, el río se convierte en estanque, el tiempo no pasa, o si lo hace, nos sentimos atrapados en una burbuja.

Siempre podemos salir de eso. No parece posible a veces, pero lo es. Avanza, con él, pero avanza, dentro de nosotros. Después de todo, incluso si no te das cuenta, es lo que ya estás haciendo.

 

Psicólogo Te Motivan

Carlos Casaleiz

Hilera 8, Málaga

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